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A los mexicanos nos han enseñado -y así lo asumimos- que el regateo es una herencia cultural que nos llegó en el surgir del país urbano, el siglo recién pasado, por la vía de las inmigraciones de lo que hoy llamamos Medio Oriente,  y que configuró los usos de nuestro comercio.

Las benditas olas de inmigrantes libaneses, palestinos, persas o judíos, nos enseñaron lo que habían inventado sus mismos ancestros, los fenicios, del comercio, en un glorioso tiempo en que se dio la época de oro del cine mexicano. Yo veo con deleite cada vez que puedo El Baisano Jalil, su mejor película sin duda, que protagoniza y dirigió Joaquín Pardavé, el año en que yo nací.

Así aprendimos, pues, a regatear: ¿cuánto es lo menos?

La palabra regateo, como la mayor torrente de nuestra lengua, proviene del latin vulgarizado, esto es, el que hablaba la gente. En sus orígenes, recaptare quiere decir recapturar, volver a tomar. Evolucionó con el uso a recatar, y finalmente regatear, en un concepto que pudiera ampliarse a otras áreas filosóficas: nada es final; volver a negociar o discutir sobre un precio.

Con estos antecedentes debo reconocer sin ambages la habilidad de la señora presidente Sheinbaum ayer. En el filo de la navaja del anuncio del gobierno de los Estados Unidos sobre sus aranceles sobre nuestras exportaciones hacia allá, doña Claudia puso a sudar la oreja ayer y tuvo una charla, respetuosa, dice ella y yo le creo, con el presidente de los Estados Unidos.

¿Cuánto es lo menos? regateó.

En los mensajes de Truth Social, a los que es tan adicto el presidente Trump, tuvo que reconocer que México merece y necesita un trato especial por las circunstancias que marca la frontera común y única.

Por lo pronto, doña Claudia consiguió que esta semfinal comercial se fuera a tiempos extra.

90 días.

Mientras tanto, y eso es muy importante, se mantiene la amenaza de los Estados Unidos de gravar con 25% las exportaciones de autos y del 50 a las de acero y aluminio. Pero, al mismo tiempo, es más importante que el resto de lo que  le vendemos al gabacho y está dentro del TMEC, sigue bajo la protección de ese tratado tripartita.

De que luego se puede modificar, no hay duda. Pero lo caido, caido.

No se trata de una victoria pírrica de la señora presidente. Hay que reconocerle haber conservado la cabeza fría y la decisión firme, que es la única manera que parece funcionar frente al señor Trump.

¿Qué se consiguió?

Francamente, un plazo de 90 días para volver a los temas. Sin duda alguna en nueva circunstancias, en las que los Estados Unidos ya habrán experimentado las consecuencias de las tarifas arancelarias que entran en vigor hoy para el resto del mundo

PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Estoy seguro de que en la cúpula se están dando cuenta ya;  y si no, peor para ellos.

El movimiento Morena, que no es un partido político, no puede transformarse en uno de ellos sin una catarsis  que elimine a las plagas, bichos y rémoras que ha tenido que soportar en su camino al poder. De los que se van de viaje ostentoso, o tienen compadres feos. No le van a ayudar a conservarlo.

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