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“Cuando la tormenta pase/ y se amansen los caminos/ y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo/ con el corazón lloroso/ y el destino bendecido/ nos sentiremos dichosos/ tan sólo por estar vivos”. El título de la columna y los primeros renglones de la misma son fruto de la inspiración del poeta uruguayo Mario Benedetti (1920-2009).

No sé cuál fue, inicialmente, el símil que Benedetti le otorgó a la tormenta. Quiero pensar que la tormenta fue una metáfora de la dictadura militar que se instaló en su país en 1973 y que obligó a exiliarse al autor de más de 80 libros de todos los géneros. Su novela La Tregua, se hizo película en 1974, bajo la dirección del argentino Sergio Renán –cuyo nombre verdadero fue Samuel Kohan (1933-2015)– y estuvo nominada al Oscar como mejor película extranjera. También en el 2003 se hizo una versión mexicana de la misma novela dirigida por Alfonso Rosas Priego hijo. Benedetti –no hacía pizzas como Fox y Peña Nieto han de suponer– regresó, en 1985, a su patria.

Luego de la disgregación biográfica: mínima justicia para el coautor designado de la columna de hoy, explicaré que para mí hoy la tormenta es una alegoría de la pandemia del Covid-19 que se ha apoderado del mundo provocando “un naufragio colectivo”, cosa que, al parecer, algunos mexicanos no han querido o no han podido percatarse. Sólo los que perdimos amistades o seres queridos hemos percibido la desgracia de dimensiones catastróficas que está viviendo la humanidad entera. Sigamos con Benedetti y sus deseos para cuando la tormenta pase:

“Y le daremos un abrazo al primer desconocido/ y alabaremos la suerte de conservar un amigo./ Y entonces recordaremos todo aquello que perdimos/ y de una vez aprenderemos todo lo que no aprendimos./ Y todo será un milagro/ y todo será un legado/ y se respetará la vida/ la vida, que hemos ganado”.

Considero que, por el bien de la humanidad, cuando la peor pandemia que hemos sufrido en los últimos cien años cese, tendremos que revisar los sistemas sociales y políticos que han imperado en el siglo XX y en lo que va del XXI. Si queremos sobrevivir a la hecatombe social y ecológica que se presagia, tendremos que crear un nuevo paradigma.

Vivimos en un modelo social y económico que prioriza la ganancia económica por encima de todo y que depreda la Naturaleza por el creciente uso de bienes naturales; que contamina el agua, la tierra, el aire y las conciencias. Hemos abusado del planeta y lo hemos convertido en un basurero de residuos tóxicos. Vivimos la cultura del desperdicio. La brecha, entre insaciables ricos de lujos desmesurados y pobres subalimentados, cada día es más grande, más contrastante, más inhumana.

No será fácil, pero es urgente hacer sustanciales cambios estructurales en lo económico, en lo político y en lo social, en todo el mundo, para frenar el creciente deterioro ecológico y humano; para reducir la pobreza a su mínima expresión; para que todos los habitantes de la Tierra tengan acceso a la salud, la educación, el trabajo y la igualdad de oportunidades. Es preciso evitar las migraciones generadas por la violencia, el daño a su hábitat y la imposibilidad de tener una ocupación digna.

Somos huéspedes del planeta, no sus dueños. Hasta aquí mi opinión. Termino como termina Benedetti su poema: “Cuando la tormenta pase/ le pido a Dios apenado/ que nos devuelva mejores/ como nos había soñado.”

Memes de actualidad

Si Estados Unidos viera lo que Estados Unidos está haciendo en Estados Unidos invadiría Estados Unidos para liberar a Estados Unidos de la tiranía de Estados Unidos.

La Organización Mundial de la Salud recomienda a los mayores de 60 años que para evitarse riesgos comiencen a quitarse la edad.

A los gringos les gusta tanto provocar golpes de Estado en países subdesarrollados, que ahora por el Covid-19 hicieron home office.