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Si en realidad se hubiese querido saber la verdad sobre la detención del “Mayo” Zambada, con llevar a Rubén Rocha Moya a la Mañanera. Si alguien tiene las explicaciones, las razones, sobre todo las verdades sobre lo que sucedió, incluyendo la participación o no del FBI, es él.

No únicamente porque era el gobernador de Sinaloa, sino porque según muchos testimonios el que realmente orquestó el operativo, con otra muerte en el camino, fue él.

La traición que sufrió el narcotraficante que aceptará la pena de cadena perpetua en Estados Unidos estuvo avalada por él, fue con su nombre que lo llevaron a un rancho para ahí secuestrarlo, después de eliminar a sus escoltas.

Esa es la historia que todos queremos oír en boca de Rocha Moya.

No importa cuánto diga la titular de Gobernación, o cuántos “éxitos” quiera adjudicarse Omar García Harfuch, o las protestas del joven titular de Relaciones Exteriores, todo lo que puedan afirmas es secundario. Lo que se vivió en Sinaloa es una historia donde el poder político, entreverado, alimentado del poder del crimen organizado, actuó como protagonista, como villano mayor.

Recordemos, no tenemos, sino que recordar las aseveraciones de Zambada después de ser encarcelado en el país vecino: “Joaquín Guzmán López me pidió que asistiera a una reunión para ayudar a resolver las diferencias entre los líderes políticos de nuestro Estado”.

Es obvio que no era la primera vez que su presencia era solicitada para “resolver” problemas, para mediar, para ordenar. Lo que nos define quién era realmente el dueño del poder político, y cuál fue la relación entre Zambada y el entonces gobernador Rocha.

El mensaje de Zambada continua: “…Estaba enterado de una disputa en curso entre Rubén Rocha Moya y Héctor Melesio Cuén Ojeda…”

Este señor Cuén Ojeda, del que todos se olvidaron, se convirtió en el cadáver más incómodo en el equipaje de Rubén Rocha. Porque primero apareció muerto, víctima de un asalto, en una gasolinera y después resultó ser el protagonista de la reunión que devendría en el secuestro del “Mayo Zambada”.

Si se quisiera saber quién asesinó al exrector de la universidad, enemigo político de Rocha, bastaría con preguntar, o con leer el testimonio público de Zambada: “… mientras caminaba hacia la zona de reuniones vi a Héctor Cuén y a uno de sus ayudantes, les saludé brevemente… Se que la versión oficial que dan las autoridades de Sinaloa es que Héctor Cuén fue tiroteado la noche del 25 de julio en una gasolinera, eso no fue lo que ocurrió. Lo mataron a la misma hora y en el mismo lugar donde me secuestraron”.

¿Participó el FBI en este secuestro? Porque si así fuese a las múltiples faltas a la soberanía nacional, que justamente preocupan a la señora Presidenta, habría que agregar complicidad con un asesinato.

¿Por qué no ha sido llamado el exgobernador Rubén Rocha Moya a declarar sobre esto?

O esperamos… porque esta historia apenas comienza…