Y habría que recordar que la presidencia no es eterna y un día, cuando concluya su mandato, querrá volver a salir a caminar en las calles o ir a un restaurante
El miércoles 30 de septiembre de 2026 ya forma parte del Cuadro de Horror nacional. Será referente de a qué grado llega la irresponsable manipulación política y las consecuencias gravísimas que puede provocar. Todo se debe a la polarización de la sociedad mexicana.
Es comprensible que los imperdonables excesos cometidos en el pasado reciente y no tan reciente fueran aprovechados como bandera electoral para conseguir un cambio de régimen, en México.
Como veníamos, antes del Obradorato, ya era insostenible. Fueron décadas de abusos y de un sinfín de personajes que, como los de hoy, se volvieron ricos de la noche a la mañana y con el paso del tiempo no solamente limpiaron sus nombres, sino que también lavaron y dieron lustre al origen de sus fortunas.
Botones de muestra: un buen amigo, de familia de prosapia, cuenta que su abuelo describía a un presidente veracruzano como que en su juventud había sido un cuatrero, un robavacas y que, tras dejar la presidencia, se había convertido junto con su familia en referente social, infaltable en la lista de la gente nice de este país.
Y qué decidir del político mexiquense que se ufanaba que, como Jesús, había nacido en un humilde establo, convirtiéndose después en un exitoso “servidor” público y hombre de negocios que dejó un legado a los suyos que les permitió formar empresas que hoy son referente nacional. Famoso por acuñar la frase “un político pobre es un pobre político”.
Así que solamente unos cuantos, los beneficiarios de esos abusos, los extrañarán. Pero los de a pie, maldicen su recuerdo.
Aclarado entonces que no hay nostalgia por ese pasado, es menester condenar las “nuevas” prácticas. Que de nuevas no tienen nada pues son las mismas que con YSQ, pero con elenco distinto.
Que una turba troglodita, agazapada en el Sindicato Mexicano de Electricistas, haya ido a Los Pinos a decapitar la estatua de un expresidente de México, Felipe Calderón, independientemente de cualquier evaluación de su gestión, es consecuencia de un discurso de odio, del que ahora no se pueden desmarcar.
Solamente en septiembre, la presidentA Sheinbaum aludió a Calderón ¡en 28 ocasiones!, rematando este miércoles con el calificativo de espurio, desconociendo, una vez más, que ganó la presidencia de la república, haiga sido como haiga sido, con un 0.58 por ciento.
Como diría el grupo Firme: ¡Ya supérame!
Sí, a la mañana siguiente condenó la barbarie, argumentando: “yo no estoy de acuerdo con lo que hicieron con la estatua y que entraran como entraron a Los Pinos. No estoy de acuerdo con ningún acto que represente violencia (…) Puedo entender el enojo que tienen trabajadores del SME por la barbaridad que hizo Calderón de cerrar Luz y Fuerza del Centro, como la cerró, por razones políticas, realmente, porque el SME se oponía a cualquier privatización (…) Eso hay que condenarlo siempre porque si no, se justifica la violencia venga de donde venga y eso no está bien”.
Muy bien, pero extemporáneo.
Y algo más.
Si como López Obrador, la presidentA sigue agarrando de piñata a Calderón o a quien sea, mañana no podrá eludir su responsabilidad, que sí la tendrá porque no se puede arrojar la piedra y luego esconder la mano.
Y habría que recordar que la presidencia no es eterna y un día, cuando concluya su mandato, querrá volver a salir a caminar en las calles o ir a un restaurante. Y además de recibir aplausos le tocarán condenas u otra cosa, pues con la vara que miden serán medidos.
Monitor republicano
En cuanto al mensaje de YSQ, solo recordarle la máxima de su cuate campechano: el que ya bailó, que se siente”.
