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Cuando el entonces Presidente electo anunció que le confiaría la dirección de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett fue blanco de sañosas críticas de quienes le atribuyen “la caída del sistema” en las elecciones que ganó Carlos Salinas de Gortari, suceso que nutrió la especie, jamás probada, de que el verdadero ganador fue Cuauhtémoc Cárdenas.

Fui quizás el único periodista que escribió a su favor, no para “defenderlo” sino para enfatizar que en 1988 (y hasta la fecha) se votaba marcando las boletas y no por medios electrónicos, de suerte que el resultado político lo decidió el conteo de cada acta levantada y avalada por los representantes de todos los partidos políticos.

Pocos años atrás, cuando se publicaron refritos de la calumnia de que Bartlett estuvo involucrado en el asesinato de Enrique Camarena Salazar, sostuve en este espacio que era una vil patraña de las autoridades gringas, tragada como cierta por lamentables “periodistas” mexicanos. Decía que él, como secretario de Gobernación, el titular de la Marina Armada, el procurador general de la República y el gobernador de Jalisco estuvieron (escena impensable en historietas de malosos) en la sala de la casa donde Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca, Don Neto, y sus secuaces torturaban hasta la muerte al agente de la DEA, en espera de que se consumara el crimen.

Hago estas remembranzas porque, cuando le llovió por su designación en la CFE, opiné que me bastaba su buen desempeño en el gobierno de Puebla para dar por seguro que podría con el paquete. Sigo pensando que puede… pero no quiere. Le mueve más un amasijo de rencores y prejuicios que su inteligente capacidad para dirigir con eficiencia una empresa.

Deploro afirmar ahora que mi apreciado Manuel Bartlett ejerce muy mal su encomienda, ya que de nadie más que de él puede provenir la visión errada que sobre la CFE proyecta el presidente de la República, quien la supone “en crisis y en quiebra”, cuando lo cierto es que en los tres años recientes registró utilidades mayores a 70 mil millones de pesos.

Afirma también que los contratos para gasoductos “no fueron aprobados por los Consejos de Administración (sino) por el Consejo de la Comisión Federal de Electricidad (…), muy favorables a los particulares y dañinos para la nación. Estamos ante casos equivalentes a lo que fue el Fobaproa, son huachicoles al por mayor”.

Se trata de 24 tendidos, 17 de los cuales están operando y dos lo harán próximamente, y hasta por internet pueden consultarse las actas de lo aprobado en 2013: la Junta de Gobierno de la CFE palomeó la construcción y el proceso licitatorio, y fue hasta 2014, con la reforma energética (a la que se opone el actual gobierno), que se creó el Consejo de Administración que, por supuesto, no aprobó lo que ya estaba aprobado…