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El presidente no se anima aún a usar el vocablo “socialista” para forzar el cambio de clases que pretende, pero ya dijo que “ayudar a los pobres no es comunismo, sino centro del Evangelio”.

Mientras, su aliado del imperio, Donald Trump, lo acepta como “socialista” porque “es un gran tipo”. Así que depende de la reelección para ver una definición más tangible del presidente mexicano hacia el socialismo.

Y lo haría con algún adjetivo, como hizo Chávez, con su “Socialismo del siglo 21”.

Trump, un populista pragmático ajeno a la geopolítica, lo único que le interesa de un gobernante mexicano es que no lo incordie con el Muro, y le funcione como gendarme contra la migración centroamericana.

Aunque el mandatario mexicano puede decir que es comunista, presbiteriano o rotario, da lo mismo: los temas ideológicos no le interesan mucho si no le sirven para su idea de gobernar sin contrapesos.

En tanto, cumple en lo económico con la primera tarea del avance al socialismo, que es adelgazar a la clase media, propiciando el deterioro de sus soportes históricos: pequeños y medianos negocios, escuelas privadas.

Pero lo hace mucho mejor en el terreno ideológico, como lo es citar al líder universal de los católicos en un país católico al referirse al comunismo, en la misma línea que antes lo hicieron Fidel Castro y Hugo Chávez:

El Papa Francisco ha dicho que ayudar a los pobres no es comunismo, es el centro del Evangelio. Es para decirles ‘tengan para que aprendan’. Tenemos la dicha enorme de estar ayudando a los más necesitados, a los desposeídos”.

Fidel Castro dijo en 1985 a Frei Betto: “La Iglesia dice amar al prójimo como a ti mismo, y eso es precisamente lo que nosotros predicamos. Una de las características de nuestra Revolución es que suprime la corrupción”.

Y Chávez dijo en 2009 que “el marxismo es la más avanzada propuesta hacia el mundo que Cristo vino a anunciar hace más de dos mil años. Pero yo no soy marxista, yo soy progresista”.

En ese camino, la autollamada Cuarta Transformación es parte del chavismo, que ve a la clase media como “antagónica a los pobres”, como publicó Regeneracion.mx, el órgano oficial de Morena, en un texto de Rafael Correa.

La clase media es antagónica a los pobres y sucumbe más fácilmente a los cantos de sirena del estilo de vida a lo New York”, explicó el expresidente de Ecuador, uno de los ideólogos del “Socialismo del Buen Vivir.

Es lo mismo que piensa la secretaria general de Morena, Yeidckol Polevnsky: “Cuando sacas a gente de la pobreza y llega a clase media, se olvidan enseguida de donde vienen. Ese es el problema”.

Eso buscan los socialistas: que no haya clase media.