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Lo importante de los 100 días de este gobierno fue la puesta en práctica, de manera veloz y decidida, de un régimen político de presidencialismo irrefutable que está desmontando pieza a pieza el sistema político de los últimos 18 años, que estuvo basado en:

1.- Sistema de partidos
2.- Mercado
3.- Transparencia
4.- Derecho
5.- Sociedad Civil

Los puntos anteriores fueron ganando terreno con la alternancia política del país, producida tras la caída del régimen de partido hegemónico priista en el año 2000.

No deja de llamar la atención que el actual “cambio de régimen” lo que hace es regresar al estado de las cosas que existía antes del año 2000, hasta en los recursos simbólicos y el argot de la cultura política de entonces: el “culto a la personalidad”, el “pueblo”, “Juárez”, el “campo”…

Vuelven incluso el espíritu del partido hegemónico, no sólo con la mayoría de Morena en el Congreso, sino con la concentración del poder del presidente: de dos mil 300 delegados que tenía el gobierno anterior en los estados, este tiene únicamente uno por estado.

Que son 32 procónsules, polea única de transmisión del gobernante con los estados y dedicados a escamotear el poder de los mandatarios de oposición y a preparar sus futuras campañas electorales, con la ventaja de manejar los cuantiosos recursos de los programas sociales.

La orden presidencial es “no transferir recursos a ninguna organización social, sindical, civil o movimientos ciudadanos”. Los recursos llegan “al pueblo” con el mensaje de “venimos de parte del presidente”, anunciado por “Servidores de la Nación” que hacen un censo de puerta en puerta.

El puntillazo al sistema de partidos viene con el recorte del 50 por ciento a su financiamiento público, ahora que están en el suelo, después de que Morena ganara la presidencia con más del 53 por ciento de los votos y el presidente tiene una aprobación de 80 por ciento.

En momentos en que Morena tiene el gobierno y un presidente con una acumulación de poder casi absoluta, reducir el financiamiento público de los partidos equivale a la disolución del sistema de partidos y a un retroceso en las condiciones de equidad que requieren las elecciones.

Al debilitamiento financiero de los partidos, se junta la ojeriza del presidente a la sociedad civil, que hasta ahora funcionó como contrapeso al poder… y para que él mismo ganara la presidencia, pues la sociedad civil siempre actuó como aliada de sus causas.

Sin embargo, ya en la presidencia, asegura que “le tengo mucha desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil o iniciativas independientes, todo lo que es sociedad civil tiene que ver con el conservadurismo”.

Eso han sido estos 100 días:

El retorno de un régimen político de presidencialismo irrefutable.