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DAVID KERSENOBICH,

SECRETARIO DE SALUD:

 

 La mayor riqueza es la salud mental.

Dalai Lama

Su bien ganado prestigio le precede, don David, lo cual me hace suponer que por lo menos en la Secretaría de Salud ya se acabaron los “floreros”. Recibe usted una dependencia que en el pasado sexenio acumuló muchas deudas con los mexicanos y hoy quiero llamar su atención sobre una de ellas, de la que menos se habla: la salud mental.

Este tipo de males, muy estigmatizados e incomprendidos, no solo afectan a la persona que los sufre, sino también a la familia que le rodea. Me fui de espaldas cuando me enteré de que en México hay 15 millones de personas con este tipo de padecimientos; si cada una de ellas convive con tres personas en su entorno familiar, estamos hablando de que 48 millones de mexicanos se ven afectados por enfermedades muy difíciles de manejar. De ese tamaño es el problema: un tercio del total de población nacional.

La cifra puede resultar inverosímil para los lectores que nos acompañan, doctor Kersenobich, pero es una realidad, pues en ella están incluidas las personas que padecen las enfermedades comunes, como angustia y depresión, junto con las que sufren las enfermedades graves como son la esquizofrenia, la bipolaridad y las vinculadas a las adicciones. Y no olvidemos que la pandemia de COVID-19 vino a incrementar los problemas de salud mental.

“Para atender a esos 16 millones de enfermos,” me comentó el doctor Jeremy Cruz, médico psiquiatra con especialidad en Salud Mental Pública, “se requieren por lo menos 13 mil psiquiatras y que éstos se encontraran distribuidos proporcionalmente en el territorio nacional. México apenas cuenta con cinco mil especialistas y la mayor parte de ellos concentrados en la CDMX, Guadalajara y Monterrey,” atendiendo a los enfermos de manera privada, pues solo mil 100 psiquiatras prestan sus servicios en el sector público. Es decir, en el sector salud la carencia de psiquiatras ¡es del 90%!

Los recursos y la infraestructura para enfrentar estos padecimientos también son muy escasos. En un país del nivel de desarrollo como México, se debieran invertir entre cinco y 10 dólares por habitante. Sin embargo, de todo el presupuesto asignado a salud, apenas el 2.3% se destina a enfermedades mentales, cuando debiera ser del 5.0% al 10% si tenemos 16 millones de enfermos.

Y de esos escasos recursos, alrededor de cuatro mil millones de pesos, la mayor parte se ha orientado a medidas preventivas que, en opinión del doctor Cruz, son ineficientes. “Se gasta el poco dinero en medidas como la atención telefónica Línea de la Vida, que solo contiene momentáneamente al paciente, pero no resuelve el problema de fondo porque el enfermo requiere un buen diagnóstico, terapia y, en su caso, medicación”. Tampoco hay en las clínicas y hospitales públicos suficientes y adecuadas redes de derivación para que, por ejemplo, del nivel básico deriven al paciente a un atención especializada.

De acuerdo con un estudio del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) en la política de salud no se ha incorporado la visión demográfica. Por un lado, la población está envejeciendo y esto significa el incremento de pacientes con problemas neurocognitivos; por el otro, están las condiciones sociales que afectan a la primera infancia, pues 55% de los niños viven en entornos violentos que generarán más pronto que tarde un problema de salud mental (INSP, 2023).

Hay otro punto nodal en la atención a la salud mental: el desabasto de medicamentos. Después de muchos avatares que usted conoce bien, don David, se abasteció el 89% de los medicamentos requeridos los hospitales públicos con especialidad para atender pacientes psiquiátricos. O sea, seguimos con los déficits. El problema es mayor para los pacientes de consulta externa, a quienes les resulta cuesta arriba encontrar los fármacos.

“El desabasto,” me comenta el doctor Cruz, “tiene que ver con el desconocimiento de las autoridades sobre los psicofármacos. Tenemos funcionarios que estigmatizan los medicamentos psiquiátricos y no favorecen su aprobación de desde hace cuatro años.”  Por si algo faltara en esta feria de déficits, muy pocos laboratorios nacionales producen los fármacos cuyo contenido es a base de litio, Clozapina y Amitriptilina y Metilfenidato; y la importación es cada vez más complicada.

En cuanto a infraestructura, pues también estamos fritos. En los hospitales del sector salud no hay el suficiente número de camas para internamiento, siendo que se necesitan de cinco a 10 por nosocomio de segundo y tercer nivel. Ante tal escasez y en el caso de pacientes con adicciones, ellos van a parar a “los anexos” donde no reciben más que maltrato porque no hay atención profesional. “En ‘los anexos’ solo se lucra con la salud mental,” sentencia el doctor Cruz.

Un enfermo con padecimientos mentales enferma a la familia y muchas veces colapasa a los que le cuidan. Su vida se ve rota en lo familiar, en lo laboral y en lo productivo si no recibe la atención necesaria.

Ahora que seguramente estará usted elaborando la política de salud, no olvide a esos 16 millones de pacientes, doctor Kersenobich.

Con la colaboración de Upa Ruiz

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