Minuto a Minuto

Internacional Trump amenaza con imponer un “arancel importante” a la lechuga mexicana
La controversia es por un brote de Cyclospora, parásito causante de una infección intestinal con síntomas como evacuaciones frecuentes
Internacional Del futbol al populismo de ultraderecha: Milei explota la derrota del Mundial para promoverse
"Somos llamativos, no pasamos desapercibidos, nos tienen celos y somos buenos en casi todo”; expresó con soberbia el mandatario
Nacional Alertan por robo de identidad al solicitar préstamos digitales
La Policía Cibernética emite las siguientes recomendaciones para prevenir el robo de identidad y proteger la información personal
Deportes ¿En qué equipo jugará LeBron James? Este sería su destino en la NBA, según ESPN
El alero fue la pieza más cotizada de la agencia libre, tras finalizar este verano su contrato con Los Angeles Lakers
Nacional IEMS acusa desinformación y revictimización tras suicidio de profesor señalado de abuso
El IEMS se pronunció a favor de la presunción de inocencia y el derecho al debido proceso, así como a la privacidad y resguardo de datos personales

La aversión a la mayoría absoluta, aunque sea democrática, y la pasión por la pluralidad, aunque sea artificial, son dos inercias riesgosas de la democracia mexicana.

Por aversión a las viejas mayorías priistas, la reforma de 96 fijó una cláusula de representación de 8%, lo que quiere decir que solo puede alcanzar la mayoría en el Congreso el partido que obtenga 43% del voto.

Esto no ha sucedido desde 1997 ni sucederá, pues las mayorías relativas de los grandes partidos se han ido acortando hasta quedar en esta última elección por debajo de 30%.

Desde el 2000, el partido en el gobierno ha sido minoritario en el Congreso, lo que explica en buena medida el aire de ineficacia de los gobiernos democráticos de México.

La aversión a la mayoría fue de la mano con la pasión de limitar el poder presidencial. Puede decirse que la democracia mexicana creció quitándole poder al Ejecutivo. Fue su impulso fundador, explicable por los errores catastróficos de las presidencias hegemónicas del PRI.

La consecuencia es que los presidentes de México tienen, casi por ley, la condición de minoritarios. La cultura democrática mexicana es antipresidencial aunque vive en un régimen presidencialista. Como quien vive en una casa barroca y no le gusta lo barroco.

La aspereza del antipresidencialismo puede medirse en hechos tan sintomáticos como que hace años que el titular del Poder Ejecutivo no puede dar su informe a la nación en el recinto del Congreso.

Respecto de la pluralidad inducida por la legislación vigente, acusa también severas deformidades. Ha ido quitando votos a los partidos grandes para darlos a partidos pequeños que poco o nada representan.

Siento que los principios rectores de nuestro diseño democrático han llegado a un límite.

El próximo Presidente podría ser electo por una minoría de 25-30 %. Su déficit de legitimidad sería un riesgo de ingobernabilidad.

Creo que estamos en la necesidad de una reforma política que atienda los defectos de la que nos rige.

No hay que volver a empezar, pero hay que volver a pensar con seriedad lo que queremos en materia de financiamiento, mayorías, pluralidad, presidencialismo, representación, transparencia, gobernabilidad.

[email protected]