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La aversión a la mayoría absoluta, aunque sea democrática, y la pasión por la pluralidad, aunque sea artificial, son dos inercias riesgosas de la democracia mexicana.

Por aversión a las viejas mayorías priistas, la reforma de 96 fijó una cláusula de representación de 8%, lo que quiere decir que solo puede alcanzar la mayoría en el Congreso el partido que obtenga 43% del voto.

Esto no ha sucedido desde 1997 ni sucederá, pues las mayorías relativas de los grandes partidos se han ido acortando hasta quedar en esta última elección por debajo de 30%.

Desde el 2000, el partido en el gobierno ha sido minoritario en el Congreso, lo que explica en buena medida el aire de ineficacia de los gobiernos democráticos de México.

La aversión a la mayoría fue de la mano con la pasión de limitar el poder presidencial. Puede decirse que la democracia mexicana creció quitándole poder al Ejecutivo. Fue su impulso fundador, explicable por los errores catastróficos de las presidencias hegemónicas del PRI.

La consecuencia es que los presidentes de México tienen, casi por ley, la condición de minoritarios. La cultura democrática mexicana es antipresidencial aunque vive en un régimen presidencialista. Como quien vive en una casa barroca y no le gusta lo barroco.

La aspereza del antipresidencialismo puede medirse en hechos tan sintomáticos como que hace años que el titular del Poder Ejecutivo no puede dar su informe a la nación en el recinto del Congreso.

Respecto de la pluralidad inducida por la legislación vigente, acusa también severas deformidades. Ha ido quitando votos a los partidos grandes para darlos a partidos pequeños que poco o nada representan.

Siento que los principios rectores de nuestro diseño democrático han llegado a un límite.

El próximo Presidente podría ser electo por una minoría de 25-30 %. Su déficit de legitimidad sería un riesgo de ingobernabilidad.

Creo que estamos en la necesidad de una reforma política que atienda los defectos de la que nos rige.

No hay que volver a empezar, pero hay que volver a pensar con seriedad lo que queremos en materia de financiamiento, mayorías, pluralidad, presidencialismo, representación, transparencia, gobernabilidad.

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