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Una de las negociaciones más difíciles que ha enfrentado Agustín Carstens no fue como secretario de Hacienda en la negociación del presupuesto con el Congreso, tampoco como gobernador del Banco de México (Banxico) y las diferencias de enfoque monetario con el gobierno federal.

No, uno de los más delicados acuerdos conseguidos por este financiero global fue con su esposa, con su familia. Impulsores de la aceptación del importante puesto de director del Banco de Pagos Internacionales, el convencerles de alargar medio año más su estancia en México fue toda una negociación.

Agustín Carstens ya se va, en poco más de 50 días se hará válida su renuncia a la gubernatura del Banco de México, esa que estaba firmada con fecha 1 de julio y que el presidente Enrique Peña Nieto logró postergar por cinco meses más.

Ya inició de hecho la gira del adiós y seguramente serán constantes las entrevistas y reportajes en torno a este tan reputado financiero. Seguro que están cerca de empezar las reuniones privadas del adiós a este personaje que recibirá el invierno en tierras suizas.

Pero hacia afuera, hacia la opinión pública y los mercados hay un gran pendiente: ¿quién se queda en su lugar?

Inútil especular con los nombres de los mencionados, sobre todo cuando tantos caminos se cruzan en la ruta de las definiciones.

Esta sucesión forzada en la gubernatura del banco central se juntó con el inicio del proceso electoral del 2018, lo que constituye un ruido inevitable.

Hay que tener claridad de que sí hay muchos candidatos capaces de llevar los destinos de la política monetaria del país y del resto de las funciones del Banxico, pero no hay que perder de vista que si algo valoran los participantes de los mercados son la certeza y la estabilidad.

La ruta a seguir es la nominación de un candidato por parte del presidente de la República y la ratificación del Senado de esa propuesta. Y si bien la actual administración tiene un compromiso con la estabilidad macroeconómica que ha conducido hasta hoy el banco central y hay una clara mayoría en el Senado que comulga con esa política, lo cierto es que a 57 días no hay señales claras de quién podría ser.

Algunos, más inclinados al cálculo político que al impacto financiero, aseguran que no pasa nada si el banco central mexicano se queda acéfalo durante algún tiempo, que hay los mecanismos internos para acomodar a la Junta de Gobierno para que mantenga sus actividades sin problemas.

Sin embargo, desde esa perspectiva quisquillosa de los mercados siempre será mejor tener a instituciones de la envergadura del Banco de México funcionando como el reloj suizo que próximamente verá Agustín Carstens desde la ventana de su nueva oficina en Basilea.

Para poder anticipar una fecha en la que el presidente lanzará su iniciativa al Senado para cubrir la vacante en Banxico hay que atender las fechas del calendario electoral.

El candidato presidencial a la Presidencia cruza su camino con el del candidato presidencial al banco central de varias maneras. Ojalá que en la casa presidencial tengan claridad de la importancia de dotar de certeza a los mercados con un Banco de México debidamente integrado y con un gobernador quizá no conocido pero sí altamente capaz.