Gran parte de los muchos problemas nacionales atribuibles a la sobada “cuarta transformación” se explica en el inaudito desliz que tuvo ayer el presidente López Obrador: “Y que no me vengan a mí de que la ley es la ley. No me vengan con ese cuento de que la ley es la ley…”.

El “cuento” al que se refiere se llama Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que no por accidente, sino precisamente por mandato de ley, protestó respetar y hacer respetar.

Procede recordar que los presidentes de la República tienen un solo compromiso con sus gobernados: honrar la Carta Magna, por lo que alarma y aterra que López Obrador suponga que puede pitorrearse de ella y transgredirla. Ignoro si la descalificación fue una bochornosa pifia o si lo traicionó el subconsciente, pero creo que perdió toda la credibilidad que trata de darle a la frase juarista de que “al margen de la ley nada, por encima de la ley nadie”.

Si tal es el desdén presidencial por la legalidad, ¿qué se puede esperar de sus achichincles y de su partido?

Ahora se entiende mejor la irresponsabilidad y ligereza del secretario de Gobernación, Adán Augusto López, al participar en los mítines proselitistas del fin de semana, donde con descaro dijo que la consulta del domingo “no es ni siquiera eso que se llama revocación de mandato, que de revocación no va a tener nada” y se burló así del Instituto Nacional Electoral: “Con la reforma electoral de López Obrador se van a ir todas esas que ahora se llaman autoridades electorales. Esos ya se van y los vamos a ver pasar ahí por el frente con la cola entre las patas”.

Y con “razón” (o razonamiento) presidencial, Morena propuso la abusiva pendejada de montar casillas de votación para dizque “ayudar” al INE a que se cumpla el vanidoso capricho de la innecesaria y mañosa ratificación.

De ahí que todos los gobernantes, legisladores y militantes morenistas, a sabiendas de que violan la Constitución y las leyes, vandalicen el estado de derecho de manera tan cachetona como lo hicieron con su asistencia a la falaz “asamblea informativa” en que estuvo Claudia Sheinbaum sobre la iniciativa de contrarreforma eléctrica, y que hasta un alto mando de las fuerzas armadas, el general de Brigada Luis Rodríguez Bucio, comandante de la Guardia Nacional, no solo asista a sectarias concentraciones partidistas, sino se despache de aviones del Ejército para el acarreo de funcionarios y machuchones lopezobradoristas. No está de más resaltar que en la racha de matazones y con la titular enferma, abandonó su responsabilidad el subsecretario federal de Seguridad, Ricardo Mejía Berdeja, para alentar el acarreo de ratificadores.

Si el Presidente dice que aquello de que “la ley es la ley” es puro “cuento”, ¿cómo tomarán este mensaje los delincuentes que asolan a la población en amplias regiones del país? Para el disparate de AMLO aventuro esta analogía impía: equivale a que el Papa dijera que dogmas como la Trinidad o la virginidad de María son “cuentos”, pero se aferrara al pontificio cargo.