Con el debate sobre las falsas tlayudas de una genuina acarreada y de tacos al pastor en el nuevo aeropuerto donde era impensable introducción de tanques de gas; con el pendiente de terminar lo inconcluso y asegurar la venta de garnachas que López Obrador ordenó a los militares permitir en esa terminal civil y, finalmente, quedando la incógnita de si los sonideros del Metro tendrán libre acceso también al Felipe Ángeles, pasaron a segundo término las preocupantes señales que desmienten la inspiración cardenista que la 4T suele cacarear porque, a diferencia del resuelto apoyo a los republicanos españoles, México niega respaldo de armas y equipo militar a Ucrania.

Turbia definición y actuación inconsecuente. Si aquí será envasada la vacuna Sputnik y AMLO, en coincidencia con el embajador de la Federación Rusa, supone “sesgadas” las informaciones acerca de los millones de desplazados y la matazón de civiles en ese país, ¿por qué condenó la agresión en las Naciones Unidas? “Fuera máscaras”, dice cuando despotrica contra quienes osan criticarlo y los califica de “hipócritas” “corruptos” y “neoliberales”, pero no se anima a optar por una u otra posición ante el conflicto que mantiene al mundo en vilo.

En la mezcolanza de temas que suele tocar en sus pláticas para desmañanados, cometió la pifia de reprochar: en Estados Unidos “no se ha cumplido con la regularización de más de 10 millones de mexicanos.

¿Por qué está detenida esa iniciativa en el Congreso?, ¿qué no es importante?, ¿por qué no se aprueban los recursos para Centroamérica? Veía yo que lo que se aprobó para Ucrania fue una cantidad mucho mayor que lo necesario para apoyar a los pueblos pobres de Centroamérica y el Caribe…”. Obvio: la agresión militar contra Ucrania es una emergencia prenuclear y la migración de centroamericanos (y mexicanos, claro) es crónica, antigua y mucho más compleja que apoyar al débil contra el fuerte.

A su razonamiento le queda como “anillo al dedo” el comentario del coordinador de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, ante el inoportuno refrendo de “amistad con Rusia” de morenistas y petistas: “Es un hecho de impertinencia e imprudencia parlamentaria activar el mecanismo de diplomacia en un momento que está activa la invasión militar a un pueblo que está siendo masacrado, en el que no se ha garantizado ningún tipo de protección a los derechos humanos de inocentes. No nada más es un enfrentamiento entre fuerzas militares, es una invasión que afecta a miles de personas…”.

Pero López Obrador dice: “No vamos a participar ni a favor ni en contra, es una postura de neutralidad (…) Debe de abrirse un debate mundial sobre el papel de los medios de información en los tiempos actuales porque están muy subordinados al poder económico y es muy sesgada toda la información que transmiten (…).

Lo mejor es la independencia, la soberanía y procurar la amistad con todos los pueblos y todos los gobiernos…”.

Merece un sincero spasiba, tovarish de Putin.