El más reciente informe de seguridad (presentado hace una semana) registra el mayor número de personal del Ejército, la Marina Armada y la Guardia Nacional asignado a la operación de la estrategia federal de seguridad pública: 123 mil 808 efectivos.

Nunca antes se habían destinado tantos hombres y mujeres a la política de seguridad, pero esa cifra no alcanzó para enviar algunos a una de las regiones más emblemáticas del crimen organizado: el triángulo dorado (donde confluyen Sinaloa, Durango y Chihuahua) que el presidente López Obrador quiere se renombre como “de la gente buena, de la gente trabajadora”, o a la cuna de Joaquín El Chapo Guzmán: Badiraguato.

El pasado viernes, ante la ausencia total de policías municipales y estatales o de cualquier corporación federal, los vehículos en que se transportaban los periodistas que alcanzarían al mandatario en Guadalupe y Calvo, Chihuahua, fueron interceptados por civiles con uniformes de tipo militar, armados inclusive con los prohibidos AK-47 (cuernos de chivo) y equipados con ponchallantas, que controlaban la circulación de forma por demás tranquila y despreocupada.

Inquirido al día siguiente sobre el acalambrante suceso, AMLO primero dudó de lo que consta en testimonios y fotografías: “Yo no supe nada, quién sabe si sea verdad”, pero luego comentó: “En algunos lugares del país hay personas que están actuando, pensando que se debe cuidar una región (…), pero en general todo bien…”.

Sobresalta que sus estrategas no consideraran importante asignar siquiera unos cuantos federales a uno de los tramos carreteros por los que circularían quienes cubrían el viaje presidencial.

No les pareció importante tener la mínima presencia institucional en La Tuna (municipio de Badiraguato) y sus alrededores. Consideraron irrelevante que en ese lugar nacieran, crecieran y se desarrollaran, entre otros, el señor Guzmán Loera, Ernesto Don Neto Fonseca Carrillo, Juan José Esparragoza Moreno, El Azul (también, por cierto, el actual gobernador de esa entidad, Rubén Rocha Moya).

¿Ignoran acaso el impacto en la salud y la mortandad que las actividades de la banda de El Chapo siguen teniendo en México y el mundo? La ausencia de policías (locales o estatales) y de las fuerzas armadas en un tramo clave de una gira de tanta importancia nutre la sospecha de que se pactó que la seguridad estuviera a cargo de quienes en realidad conocen la zona, con capacidad de fuego para inhibir o repeler actos o conductas indeseables y ejercen un eficaz control territorial: el famoso cártel de Sinaloa.

Sea como fuere, entre muchos otros casos que pudieran consignarse, lo sucedido el viernes confirma lo que el jefe del Comando Norte de Estados Unidos, general Glen D. VanHerck, aseguró en marzo de 2021: el crimen organizado controla y gobierna amplias zonas del país. Qué mala pata: la mañana del retenazo, el Presidente dijo que quienes lo critican por su estrategia son “cretinos”, “desinformados” e “hipócritas de doble moral…”.