Tres años después de matar el Programa de Estancias Infantiles, el gobierno liquida el de las Escuelas de Tiempo Completo, impidiendo a más de tres y medio millones de niñas y niños pobres tomar clases extraordinarias y peor: los priva de la comida que no tienen en sus hogares.

El mensaje fúnebre corrió a cargo de Delfina Gómez, quien trepó a la política robándole a medio millar de trabajadores municipales de Texcoco el 10 por ciento de su salario para invertirlo en su causa y la de su partido, señora que a la postre fue premiada con la titularidad de la Secretaría federal de Educación.

Los recursos que se destinaban a los planteles de tiempo completo, asegura, se gastarán en mantenimiento, remodelación y equipamiento contemplados en el turbio sistema la escuela es nuestra.

Reñida con la calidad educativa, la 4T abandonó las exitosas estancias (nueve mil quinientas), dejando a su mala suerte a poco más de 360 mil menores cuyos padres (mayoritariamente madres solteras) tenían, mientras trabajaban, en dónde resguardar a sus hijos de dos a cuatro años de edad para su formación inicial y asegurarles dos raciones alimentarias. Hoy, en ese mismo universo de carencias, les tocó a los menores de cinco a 14 años que sobreviven en zonas de alta marginación, quitándoles la oportunidad de desayunar y retornar a sus deprimentes casas después de ingerir un almuerzo caliente (en 2019, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia constató que para el 11 por ciento de las criaturas del programa esa era su única comida en todo el día).

Pasándose de lista, la inexplicable secretaria de Estado esgrimió un galimatías para notificar un mentiroso “hallazgo”: La SEP, dijo, “haciendo una valoración sobre todo de tomar las necesidades que presentan las instituciones, a través de las visitas que se han hecho, realmente aún faltan muchas escuelas para poder mejorar las instalaciones básicas que es agua, que son aulas, sanitarios, que esto era algo que se pedía y se reclamaba y era un reclamo justo de tenerlo bien en el regreso a clases…”.

¡Ah chingá! Le tomó el año que lleva en el cargo para saber lo que por lo visto desconoció también su predecesor (Esteban Moctezuma, ahora embajador en Washington) y que desde los inicios del peñanietismo se inventarió a detalle: la existencia de 27 mil planteles destartalados o pésimamente habilitados. Precisamente para enmendar tal deficiencia, el presidente López Obrador anunció en 2019 aquello de la escuela es nuestra, programa que contó con un presupuesto anual superior a 12 mil millones de pesos (24 mil entre 2020 y 2021), en el que priva la más absoluta falta de transparencia porque el dinero que dicen se les da a padres y maestros no requiere de licitaciones, facturas ni recibos.

Y a propósito de turbiedades y comprensible sospecha de corrupción colosal, ¿a qué o a quién fueron a parar los cuatro mil millones de pesos presupuestados en total de los desayunos escolares que por la pandemia ningún menor consumió en 2020 y 2021…?