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Iniciado el 2 de enero y dramatizado por “el pueblo” el 18 de marzo en la Plaza de la Constitución, el linchamiento azuzado desde Palacio contra el Poder Judicial y centrado en la ministra Norma Lucía Piña Hernández inspiró a Beatriz Gutiérrez Müller para escribir lo que bien puede leerse como indirecto y tardío mensaje a su marido:

No convertir la libertad en libertinaje es clave para vivir y convivir en un país plural y democrático como el nuestro. Mi apoyo a todas las mujeres de la política (o circunstancialmente cerca de esta) ante la vejación a sus personas o imagen, o la de sus hijos. Lo he padecido tanto, ¿cómo no solidarizarme? Subamos el nivel. No violencia. Más amor urgentemente.

Y es que una piñata con la imagen de Piña fue quemada en el mitin de acarreados inducidos para rendir culto a la personalidad de Andrés Manuel López Obrador (mañosamente disfrazado de patriotera y electorera “conmemoración de la Expropiación Petrolera”). Mientras en el Zócalo apaleaban e incendiaban el monigote de cartón, una turba de “politizados” coreó: “¡Fuera Piña! / ¡Fuera Piña…!” y “¡Es un honor estar con Obrador! / ¡Es un honor estar con Obrador…!”

Contra lo que afirma su esposa (quien dejó pasar casi 24 horas de ocurrido agravio para difundir su mensaje hasta el atardecer del domingo), el esposo no ve en México “un país plural”, sino reducido a pleito de solo dos bandos: “liberales” contra “conservadores”.

Eso del “apoyo a todas las mujeres de la política o circunstancialmente cerca de esta” es tan elusivo y abstracto que omite el nombre de la agraviada titular del Poder Judicial de la Federación (que para nada se dedica a “la política”, pero a quien cabe considerar “circunstancialmente cerca”).

Lo de la piñata no es la primera miserable consecuencia de la ilegal y ofensiva descalificación presidencial a la ministra: el 26 de febrero, en la concentración en defensa del INE, una desequilibrada cuatroteísta, enfundada en una toga, trepó la escalinata de la Suprema Corte “disparando” con un remedo de cuerno de chivo y lanzó contra Piña estruendosas y rabiosas mentadas.

El lambisconeado por los linchadores del sábado comentó ayer:

“No deben llevarse a cabo este tipo de actos. No es lo mejor. Creo que hay formas de protestar sin llegar a esos extremos. Condeno esos actos”.

En su opinión se trata de “expresiones muy minoritarias” en su movimiento.

No dudo de su sinceridad en la condena, pero derrapó al decir:

“Tenemos que vernos como adversarios, no como enemigos…”.

Ambos términos son sinónimos.

Grave problema conceptual en una República federal con régimen republicano democrático y representativo, donde el Supremo Poder se divide en tres: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, ninguno “adversario” de los otros.

Ya ni qué decir sobre lo delicado de su idea del Poder Judicial.

¿AMLO ignora que a los “adversarios” (contrincantes, antagonistas, rivales, contendientes, oponentes, enemigos), por elemental congruencia, se les combate y aniquila…?