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Con la invalidación total que resolvió ayer la Suprema Corte de Justicia del abusivo decretazo presidencial de 2021 que quiso escamotearle a la sociedad la información sobre las obras emblemáticas de la 4T, es previsible que lo mismo suceda con el desafiante nuevo decreto en que se vuelve a pretextar “interés público” y “seguridad nacional” para poner a salvo del escrutinio público la construcción, el funcionamiento, el mantenimiento, la operación y demás pormenores del Tren Maya, el ferrocarril interoceánico y los aeropuertos de Palenque, Chetumal y Tulum.

A diferencia de lo acordado el 18 de mayo por ocho de los 11 ministros, los sepultureros definitivos de este lunes fueron seis contra cinco, lo que demuestra que las decisiones del Pleno se toman por votación democrática y se derrumba la patraña de que el Poder Judicial federal tiene una agenda política “de oposición” al gobierno del presidente López Obrador.

El contexto del fallo no puede ser más ominoso: la Corte viene siendo cada vez más atacada y con inaudita sevicia desde el Poder Ejecutivo, constitucionalmente obligado a gobernar junto con los otros dos poderes, instituidos con el único fin republicano de que el país no dependa de la voluntad de una sola persona y servir entre sí de saludables contrapesos.

La sañosa guerra del Presidente cuenta con la oportunista contribución de machuchones en distintos pero elevados niveles de la administración cuatroteísta, a los que el sábado se sumó el subsecretario federal de Energía, un imbécil protofascista de nombre Sergio Saldaña Zorrilla que se ostenta “economista de izquierda4T nacionalista”, quien redactó un avieso y repugnante tuit que se antoja dirigido a su mamá y del que después el cobarde quiso desdecirse.

Otro rufián, el gobernador Cuitláhuac García y su banda de compinches diputados, acarrearon desde Veracruz a empleados estatales y municipales para sumarlos al plantón de Morena frente a la Corte, portando ataúdes con imágenes de los ministros cuya “falta” es velar por el respeto a la Constitución. Con su patético performance, insinuaron lo mismo que se propaló en el vomitivo meme con las fotografías de la ministra presidente Norma Lucía Piña Hernández como “el problema” y de una bala como “solución”.

También de forma cobarde, Cuitláhuac restó importancia al mensaje siniestro y se lavó las manos de las agresiones físicas a dos reporteros, pero López Obrador le reiteró su poderoso respaldo:

“En el caso de Veracruz, tienen un extraordinario gobernador, ahora muy atacado estos días porque convocó a una manifestación para protestar por la corrupción de jueces. Lo hizo bien…”.

Qué peligrosa es la “normalización” del delirio.

Luminoso el símil publicado ayer en estas páginas por Ricardo Raphael:

¿Cuál habría sido la reacción del presidente Andrés Manuel López Obrador si un gobernador de la oposición cargara un féretro representando al general Luis Cresencio Sandoval y lo depositara frente a la Secretaría de la Defensa Nacional…?