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El 18 de marzo, al elogiar la “cautela” con que Lázaro Cárdenas del Río actuó para optar por el “moderado” Manuel Ávila Camacho para sucederlo y no por su amigo Francisco Múgica (tan identificado con él, que fue el redactor del manifiesto a la nación cuando se decretó la expropiación petrolera), Andrés Manuel López Obrador pareció estar considerando con seriedad la probabilidad de respaldar a Marcelo Ebrard para la elección de 2024.

La anécdota de los generales engarza con la referida este lunes por el canciller al contar:

“El otro día me decían: ‘Es que a lo mejor tú eres moderado’. Bueno, no me gusta insultar a la gente, no sé si eso me haga moderado…”.

Ambos relatos no son menores, inclusive pese a que Ebrard avizora un México de clases medias, las mismas que el Presidente viene denostando, pero haciendo una precisión:

“Hay un sector de la clase media que siempre ha sido así, muy individualista; que le da la espalda al prójimo, aspiracionista; que lo que quiere es ser como los de arriba y encaramarse lo más que se pueda, sin escrúpulos morales…”.

En estricto rigor, si se revisa lo que ha dicho al respecto, AMLO no desprecia a toda la clase media. Bien sabe que le aportó 15 millones de votos que, sumados a los 15 que tenía amarrados, le dieron los 30 millones de sufragios con que ganó en 2018 la Presidencia.

Casi siempre generaliza sus descalificaciones, pero intenta sin éxito aclarar que se refiere a un sector.

Sus embestidas comenzaron en junio de 2021, culpando a los clasemedieros de la aparatosa derrota de Morena en las elecciones de Ciudad de México, donde la alianza opositora ganó nueve de las 16 alcaldías.

La carga que les ha imprimido a los “aspiracionistas” es tanta que poco se nota que también ha dicho:

“Hay que sacar a millones de mexicanos de la pobreza y que se coloquen en la clase media, pero sin la mentalidad egoísta, con la doctrina del humanismo; una clase media fraterna, no individualizada, que eso es lo que hizo la política neoliberal…”.

Según el Inegi, en 12.3 millones de hogares mexicanos –42 por ciento de los que hay– viven 44 millones de clasemedieros que sería tonto subestimar.

De ahí que, contra lo que pudiera suponerse, la apuesta de Ebrard por la clase media no sea suicida.

En la presentación de su libro El camino de México en el Palacio de Minería, el canciller planteó la premisa de que la oportunidad es única: “Tenemos la economía con los mejores números de América y una población con edad promedio de 29 años”, para luego enfatizar: “Estamos a tiempo de cambiar para siempre, para que seamos un país de clase media mayoritaria…”.

Ilustrado, políglota, viajado y curtido por 42 años en el servicio público, Ebrard ha de tener presente que a partir de la pandemia tres o más millones de mexicanos de clase media experimentan hoy la pobreza y muchos culpan de su desgracia al cuatroteísmo.

Si “primero los pobres” fue una fórmula eficaz, prometer “un país de clase media mayoritaria” pudiera atestar las casillas…