Anoche se transmitió en MILENIO Tv la segunda y última parte de la charla con mi compañera de páginas Ana María Olabuenaga (autora de la columna Bala de terciopelo), quien la semana pasada se ocupó de la plaga de ratones y la importancia de que los gatos hagan su trabajo. Retomamos el contenido de su texto por las elecciones del domingo, las promesas de los candidatos y sus recetas partidistas para lo único que a la población le importa: que los gobiernos acaben con la plaga de ratones.

El razonamiento es original de Deng Xiaoping, el estadista que alcanzó el liderazgo supremo de la República Popular China (1978-1989) y que muerto Mao condujo a su país al desarrollo que de hoy puede ufanarse.

Estudiosa hoy (en su posgrado) de la sociología de las redes, la reconocida publicista del célebre anuncio “Soy totalmente Palacio” escribió sobre la desgracia de una casa que es azotada por una plaga de ratones y preguntó al lector que tuviera que cazarlos “¿de qué color escogería al gato para lograrlo: blanco o negro?”.

Y dio la respuesta obvia: “Qué más da el color del gato, lo que importa es que cace al ratón”. Aquí la canija lección: “Eso mismo dijo Deng Xiaoping, uno de los más importantes dirigentes del Partido Comunista chino en 1960 frente al presidente Mao” (cuya política provocó, entre otras desgracias para su pueblo, una terrible hambruna. “Su Revolución Cultural no solo era cruel sino fallida y, a pesar de ello, estaba empecinado en seguir gobernando el país bajo su visión de comunismo. Es decir, Mao acariciaba al gato negro porque era negro, a pesar de que éste había demostrado ser un perezoso incapaz de cazar ratones…”. De lo que se trataba era de sacar a China del atolladero y “obtener un éxito económico del que se beneficiaran todos, sin importar el sistema o el modelo que se usara”, escribió Ana María.

Lo que hablamos en El asalto… partió de lo difuso y oportunista de las posiciones políticas e ideológicas de los candidatos, algunos provenientes de partidos que hoy ven como “adversarios” pero que, a la hora de gobernar, deben hacer una sola cosa: acabar con los ratones.

No sobra reproducir este luminoso párrafo de Olabuenaga: “Pensar en China y en el color de los gatos viene a cuento por las últimas declaraciones de nuestro Presidente. Después de años de emparentar al neoliberalismo con Lucifer, sorprendió a todos diciendo que ‘si el modelo neoliberal se aplicara sin corrupción, no sería del todo malo’.

Es decir, nuestro mandatario no solo pensaba que el gato blanco era un buen cazador, sino hasta digno de ser acariciado.

Que el problema era la corrupción, esa que hasta en el escalón más alto de su escalera de gobierno existía y por lo que seguía habiendo escándalos y hasta denuncias. Es cierto que al día siguiente nuestro Presidente trató de corregir la declaración separando los gatos por colores.

Unos eran ellos y otros nosotros, dijo, sin darse cuenta que mientras acariciaba a su hermoso gato nos invadían los ratones…”.