El tema de reporteros asesinados y el hostigamiento desde el poder de los poderes a periodistas que comentó Antony Blinken, secretario de Estado en el gobierno de Joe Biden, y que el presidente López Obrador desacreditó con frases como “está malinformado”, “no es cierto”, “no sabe, no está bien informado” y sugerirle “de favor que se informe”, anima a parodiar al Tenorio de Zorrilla:

“Los datos que vos descalificáis/ gozan de cabal solidez/ me los habéis certificado…”.

Y es que (aunque no personalmente AMLO) la Secretaría de Gobernación, a través del subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, informó hace un mes en Coahuila que suman 52 los periodistas ejecutados en lo que va del gobierno actual, y que nada más “en cinco casos se ha dictado sentencia”.

El nivel de impunidad, lamentó, “es sumamente elevado”, porque supera 90 por ciento, y el Mecanismo de Protección tiene deficiencias, como lo demuestra que nueve de las víctimas estaban en ese programa.

“Tenemos que avanzar no solamente en la protección y prevención, sino en el castigo a los responsables, castigos ejemplares que señalen con toda claridad que no vamos a tolerar que se violen las garantías de las personas en nuestro país”, exclamó, admitiendo (contra lo que afirman otros funcionarios) que “requerimos de una acción enérgica del Estado en su conjunto para enfrentar y revertir esta situación”.

Sus palabras contrastan con las de quienes avientan la pelota hacia gobiernos estatales y municipales. Luego de que el derechoso senador Ted Cruz mereciera una comedida carta de aclaración (a medias) del embajador mexicano en Washington, Esteban Moctezuma, y de que se ignorara la misma preocupación sobre los periodistas en México expresada por el subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Brian Nichols, López Obrador improvisó, pero se equivocó:

“En Estados Unidos los gobiernos tienen esa mala costumbre de que son candil de la calle y oscuridad de la casa (…). Esto demuestra que existe mucha vinculación entre los grupos conservadores de México con el gobierno de Estados Unidos (…). Que no actúen de manera injerencista, porque México no es colonia de Estados Unidos ni es un protectorado, México es un país libre, independiente, soberano…”.

Lo del “candil de la calle y oscuridad de la casa” procedería únicamente si en Estados Unidos se asesinara también a periodistas y se les hostigara desde la Casa Blanca.

Tuvo que salir la vocera de Biden, Jen Psaki, para confirmar la postura de su gobierno porque “hemos visto en los hechos las amenazas que enfrenta el periodismo en México, y esa es la preocupación que expresó el secretario estadunidense de Estado, Antony Blinken, en nombre de Estados Unidos, sobre esos abusos…”.

¿”Injerencistas”? No: en contra de las violaciones a los derechos humanos y en defensa de las libertades en todo el mundo puede y debe manifestar su preocupación cualquier gobierno que se ostente democrático.