No deja de asombrar que la jefa de Gobierno de CdMx, Claudia Sheinbaum, dilapide el capital político de su privilegiada cercanía con el presidente López Obrador.

Afectiva y política, tal proximidad ya la quisieran el canciller Marcelo Ebrard o, inclusive, Adán Augusto López, el secretario de Gobernación que algunos creen es otra eventual tercera “corcholata”.

Su alejamiento de la que se antojaba sólida probabilidad de contender por Morena para la próxima Presidencia de México suma ya quién sabe cuántos kilómetros con la sorpresiva descalificación, y declaración de hostilidades judiciales, contra la empresa que contrató para que realizara un peritaje independiente del colapso de hace un año en la Línea 12 del Metro.

En la metáfora de la distancia, eran cientos los metros que había perdido por sumarse tácitamente a la insidia de que la Universidad Nacional Autónoma de México (su alma máter) “se ha derechizado”; otros más por violar sin recato la Constitución al hacerle propaganda prohibida a la fracasada revo-ratificación; atizar el linchamiento de los 223 diputados federales que frenaron la contrarreforma eléctrica con el infundio de que son “traidores a la patria”, más los acumulados en las repeticiones literales de cuantos dislates, injurias o mentiras profiere su popular protector.

De mantenerse en la preferencia presidencial para 2024, no parece que le importe el predecible cobro en urnas que le harán los votantes, sobre todo de la clase media, que optaron por la oposición en la mitad de las alcaldías de la capital que gobierna, mismos que no cayeron en la tramposa consulta del 10 de abril.

Si las pifias anteriores puede intentar justificarlas por sus convicciones ideológicas y políticas, el pleitazo con la firma que primero tanto ensalzó es más grave porque subraya la turbiedad que se viene reprochando a la 4T en el manejo de los recursos públicos, dada la opacidad prevaleciente en los padrones de beneficiarios de programas sociales, la asignación directa de contratos de obra y adquisiciones, así como la desaparición de planes que beneficiaban a las mujeres maltratadas y a los menores de las estancias infantiles y escuelas de tiempo completo.

La demonización del tercer informe de DNV (Det Norske Veritas) por considerarlo “tendencioso, deficiente y falso”, suponer un “conflicto de interés” por detectar a destiempo a un abogado que litigó contra López Obrador y la determinación de mantener en secreto su contenido, apesta a que contiene observaciones acerca de un deficiente mantenimiento durante la gestión de Florencia Serranía en la dirección del Metro (“solo soy la directora”, llegó a decir), o sea durante el gobierno de Sheinbaum.

Con la firma, sin embargo, se convino que el peritaje debía incluir la “recopilación de información para el análisis documental que comprenda diseño, construcción, rehabilitación, intervención, operación, mantenimiento y supervisiones”.

Dar a conocer lo que se esconde le haría recuperar kilometraje a Claudia…

Carlos Marín

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