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Aunque no hubieran abierto la boca quienes representaron a las tiranías de Cuba, Venezuela y Nicaragua (Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro y el canciller del dictador Daniel Ortega, Denis Moncada), la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños resultó más anecdótica que trascendente.

Pese a ser el ideal del presidente López Obrador, la región está muy lejos de gestar algo parecido a la Unión Europea, especie de moderna confederación supranacional institucionalizada, cuyo compromiso con la integración y la gobernanza en común se funda en la libertad y el respeto a los derechos humanos.

“La Celac puede convertirse en el principal instrumento para consolidar las relaciones entre nuestros países de América Latina y el Caribe, y alcanzar el ideal de una integración económica con Estados Unidos y Canadá en un marco de respeto a nuestras soberanías; construir en el continente americano algo parecido a lo que fue la Comunidad Económica que dio origen a la actual Unión Europea”, dijo, al inaugurar la reunión de representantes de todos los países de la Organización de Estados Americanos menos Estados Unidos y Canadá.

El que ambas naciones fueran la excepción es en extremo relevante porque sus gobiernos, al igual que varios latinoamericanos y caribeños, condenan las atrocidades que los mandamases de Cuba, Venezuela y Nicaragua cometen contra sus gobernados. Dos mandatarios, Luis Lacalle de Uruguay, y Mario Abdo Benítez, de Paraguay, no vinieron a echar rollo ni hacer relaciones públicas: Ante AMLO, el primero recordó que “uno de los elementos que impulsa y que es plataforma de la Celac es la democracia, y la democracia es el mejor sistema que tienen los individuos para ser libres, el estado más puro de una persona es la libertad, y por eso participar en este foro no significa ser complaciente, señor Presidente.

Por supuesto, con el respeto debido, cuando uno ve que en determinados países no hay una democracia plena, cuando no se respeta la separación de poderes, cuando desde el poder se usa el aparato represor para callar las protestas, cuando se encarcelan a opositores, cuando no se respetan a los derechos humanos, nosotros, en esta voz tranquila pero firme, debemos decir con preocupación que vemos gravemente lo que ocurre en Cuba, Nicaragua y Venezuela”. Y ante los vientos mexicanos de demolición, pintó su raya: integrar la Celac “no significa que de alguna manera caiga en desuso la participación de la OEA, queremos estar bien claros…”.

El paraguayo centró su desacuerdo en quien ve a Hugo Chávez en los pajaritos: “Mi presencia en esta cumbre en ningún sentido ni circunstancia representa un reconocimiento al gobierno del señor Nicolás Maduro. No hay ningún cambio de mi gobierno y creo es de caballeros decirlo de frente”. Falsarios y cachetones, los impresentables aludidos firmaron 44 compromisos, incluidos los que deben haberles causado hilaridad: consolidación de la democracia, lucha contra la corrupción y respeto a los derechos humanos…