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Creo que un bien público inmediato que podría recibir México a partir de su cambio de gobierno es un respiro de moderación.

Dice famosamente la Biblia que hay tiempos duales para todo, para sembrar y cosechar, para construir y destruir. Quizá en México es tiempo de hacer cuentas y de mejorar la realidad.

Las cuentas políticas con las que inicia la nueva presidenta son buenas. Las cuentas de la realidad de la nación son malas y difíciles de corregir.

Se diría que es tiempo de corregir las cuentas de la nación con el poder que tiene el nuevo gobierno. Tiempo de corregir, no de subir la apuesta de los costos de la llamada Cuarta Transformación.

Dentro y fuera de México muchos esperan del discurso de toma de posesión de la presidenta Claudia Sheinbaum que diga cómo va a corregir la realidad que hereda con el poder que tiene.

A partir de mañana, quizá no baste decir que seguirá con el legado de su antecesor para ponerle un segundo piso a la llamada Cuarta Transformación.

Debería decir también en qué consiste para ella ese segundo piso y cómo corregirá las zonas de virtual devastación que tiene el primero.

Esperaría señales de corrección en materia de seguridad, salud, educación, respeto a la ley, crecimiento económico, democracia, división de poderes, corrupción, política internacional, transparencia, obras públicas, militarización.

En todos esos ámbitos, en distintas medidas, las cuentas de la realidad de la nación son deficitarias. En todos estos ámbitos la presidenta hereda cosas que deben corregirse, algunas dramáticamente .

Su tiempo, me parece, es de corregir lo escrito, no de seguirlo escribiendo a paso veloz. Los escritores sabemos que escribir, en el fondo, es reescribir. Quizá gobernar también sea, en muchos sentidos, regobernar:

Volver sobre los problemas que no quedaron resueltos y buscarles una salida nueva. Volver sobre las políticas públicas que no dieron resultado, y buscarles un nuevo camino.

Desde luego seguir con lo que funciona, pero en esencia: no repetir, sino regobernar.

Creo que muchos agradecerían de la presidenta Claudia Sheinbaum no una repetición del gobierno que hereda, sino una revisión, una pausa renovadora, un regobierno de la llamada Cuarta Transformación.