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La reestructura de la deuda bursátil municipal en Veracruz avanza a marchas forzadas. A unas horas de vencer el plazo establecido por el Gobierno estatal, 152 ayuntamientos ya aprobaron adherirse al esquema impulsado por la gobernadora Rocío Nahle García. El dato refleja la dimensión de una problemática financiera que durante años ha limitado la operación de los municipios y que hoy coloca a las administraciones locales frente a una decisión prácticamente inevitable.

La llamada bursatilización municipal nació bajo la promesa de dotar de liquidez a los ayuntamientos mediante mecanismos financieros respaldados con participaciones federales. En el papel sonaba viable; en la práctica terminó convirtiéndose en una pesada cadena presupuestal. Décadas después, muchos municipios siguen pagando intereses sin lograr reducir significativamente el capital original de la deuda.

La cifra expuesta por la Gobernadora resulta escandalosa por sí sola: alrededor de 3 mil millones de pesos pagados en intereses para una deuda estimada originalmente en mil 500 millones. Es decir, los municipios han desembolsado el doble del monto inicial y aun así continúan atrapados en el compromiso financiero. La fotografía es clara: administraciones municipales hipotecadas, con menos margen para obra pública, servicios básicos y desarrollo urbano.

Por eso no sorprende que la mayoría de los Cabildos haya decidido incorporarse rápidamente al nuevo esquema. En realidad, pocos alcaldes pueden darse el lujo político de rechazar una propuesta que promete liberar recursos retenidos por la Secretaría de Hacienda.

En un contexto donde los municipios enfrentan crecientes demandas ciudadanas y presupuestos cada vez más limitados, cualquier posibilidad de oxígeno financiero resulta atractiva.

Sin embargo, detrás del aparente consenso también existen preguntas legítimas que todavía no han sido respondidas con total claridad.

La principal es sencilla: ¿de dónde saldrá el dinero para absorber esta deuda? El presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, Esteban Bautista Hernández, ha reconocido que los detalles técnicos corresponden al Ejecutivo estatal y a la Secretaría de Finanzas. La respuesta política ha sido confiar en que existe un plan financiero sólido. Pero en asuntos de deuda pública la confianza no basta; la transparencia debe ser absoluta.

Porque si bien el Gobierno estatal busca resolver un problema heredado, también existe el riesgo de trasladar la carga financiera hacia otros rubros presupuestales futuros. La deuda no desaparece por decreto; cambia de manos. Y aunque la intención sea aliviar a los municipios, la ciudadanía tiene derecho a conocer con precisión cuáles serán los mecanismos de pago, qué impacto tendrá en las finanzas estatales y cuáles garantías existen de que este nuevo esquema no repetirá los errores del pasado.

Otro elemento importante es el contexto político. La administración de Rocío Nahle intenta proyectar una imagen de rescate financiero municipal en momentos donde los ayuntamientos enfrentarán años complicados en 2026 y 2027. La narrativa es poderosa: liberar a los municipios de una deuda considerada injusta y heredada por gobiernos anteriores. Pero el éxito real de la medida no se medirá en discursos, sino en resultados tangibles.

Si dentro de algunos años los municipios logran invertir más en drenaje, pavimentación, alumbrado o agua potable gracias a esta reestructura, entonces el esquema habrá cumplido su objetivo. Pero si únicamente se transforma la deuda sin modificar las condiciones estructurales que generan dependencia financiera, Veracruz podría estar frente a otro ciclo de endeudamiento maquillado como solución.

La bursatilización municipal representa uno de esos casos donde la política y las finanzas públicas se cruzan de forma inevitable. Los alcaldes necesitan recursos; el Estado necesita estabilidad financiera; y la ciudadanía necesita gobiernos funcionales. El problema es que, históricamente, las soluciones rápidas en materia de deuda terminan cobrando facturas largas.

Hoy, 152 municipios ya dijeron sí. Falta saber si este rescate será realmente un punto final o apenas un nuevo capítulo en la larga historia de las deudas públicas en Veracruz.

Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.