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El miedo no fue suficiente. Los riesgos estaban sobre la mesa. Todos los conocían. Los analistas y las instituciones financieras habían insistido en las graves consecuencias que tendría la ruptura con la Unión Europea. Nada de eso importó. Los expertos fueron desoídos. El brexit ganó.

Pocas veces ha habido un consenso de tanto peso como el que se forjó contra el brexit. Apoyados en la aparente contundencia de estos argumentos, los promotores de la campaña por “quedarse” la anclaron en el miedo. El eje de su estrategia fue el Project Fear, el mismo recurso con el que dos años antes se peleó la permanencia de Escocia en Reino Unido. Solo que ahora el miedo no fue efectivo.

La alternativa era más de lo mismo: un esquema de capitalismo globalizado que ha dejado a muchos marginados. Mejor tomar el riesgo del cambio que seguir rezagados. Sobre todo cuando se aviva la esperanza de ya no estar a la deriva; cuando, según quienes defienden la ruptura, se puede retomar el control de las fronteras, frenar la ambición y la avaricia de los banqueros, y arrebatar a los burócratas de Bruselas la conducción política y la gestión pública.

No importa si la oferta es sólida. El punto, como ya lo había identificado Dani Rodrik, es que quienes rechazan el establishment dan voz a los excluidos y además de un discurso esperanzador, ofrecen “soluciones” concretas. En tanto, los políticos “dominantes” conciben la globalización como algo inexorable y son incapaces de ofrecer expectativas y recompensas inmediatas (Project Syndicate, 9/03/2016).

Estamos ante el fin de una época. La globalización ha dejado a muchos países sin capacidad para salir de la crisis financiera y en el camino ha acentuado las desigualdades entre países y al interior de ellos. Brexit vino a confirmar la urgencia de una nueva forma de globalización que promueva la justicia y ofrezca oportunidades a quienes más han sufrido, como lo argumenta Jeffrey D. Sachs (Project Syndicate, 25/03/2016).

Más allá de lo anterior, el fin de esta época lo marca la pérdida del miedo al cambio. Cada vez son más quienes no se creen ese discurso y, con acierto o sin él, piensan que el statu quo ya nada tiene que ofrecerles, que difícilmente su situación podrá empeorar con el cambio, por muy radical que parezca.

Es el fin del miedo, en Reino Unido y en muchos otros países.