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En una entrevista de prensa sobre el narcotráfico, todavía como candidato presidencial, el actual presidente argentino, Mauricio Macri, dijo con sensata lucidez que no había que militarizar el combate a las drogas, pues no daba resultado, como lo demostraban los 100 mil muertos de México.

Lo que había que hacer, añadió a continuación, era crear una agencia especial de combate al narcotráfico, que tuviera más cerebro que músculo, para ir conociendo los cárteles, descabezarlos, ganar control territorial sobre ellos y contener poco a poco “ese flagelo”.

Es decir, salvo por lo del Ejército, exactamente la estrategia seguida por México desde hace 30 años. http://clar.in/1PnSETB

Cordial aviso al presidente Macri: aquí también empezamos con esa estrategia, sin el Ejército, y terminamos donde estamos, con el Ejército y la Marina hasta el cuello.

El presidente Macri todavía no empieza a desplegar la estrategia de marras, cuya autoría es de la DEA, y ya metió al juego a la fuerza aérea, autorizando el derribo de aviones sospechosos de portar droga que no respondan a la interdicción al cruzar sus cielos.

Ha declarado, además, una “Emergencia de seguridad” en su país, uno de los más seguros de América Latina.

A mí todo esto me suena ya severamente militar.

En la Feria del Libro del año pasado en la ciudad de Buenos Aires recibí varias preguntas alarmadas sobre lo que Argentina debía hacer para combatir el narcotráfico.

Tuve la imprudencia diplomática de reírme y decir que no hicieran nada hasta no cerciorarse de que tenían realmente ese problema. Que midieran con precisión sus rangos de consumo y el tamaño de la amenaza criminal, porque venía yo de un país que había creado una hecatombe criminal persiguiendo drogas que apenas consume y descabezando cárteles que, en vez de desaparecer, solo se habían partido en bandas más violentas.

Completo ahora aquellos dichos para el oído del presidente Macri:

“No deje de voltear al espejo de México, presidente. Todo lo que usted quiera aprender sobre cómo ensangrentar a su país persiguiendo drogas que sus ciudadanos no consumen puede aprenderlo viendo a México. No necesita aprenderlo en carne propia, violentando y ensangrentando su país”.

Mientras rumiaba este artículo di con un pensamiento muy a propósito de George Santayana: “Complacerse en la guerra es mérito en el soldado,  peligrosa cualidad en el capitán, y positivo crimen en el estadista”. The Life of Reason, “Reason in Society,” ch. 3. http://amzn.to/1RCtGzX.

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