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La decisión del presidente estadounidense Joe Biden de no buscar la reelección sacudió a su país, cambió la carrera hacia la Casa Blanca y reconfiguró el tablero político mundial.

Que el hombre de 81 años se bajara del tren electoral el pasado domingo y su discurso desde la Oficina Oval el miércoles parecen sacados de una serie de televisión, algo que pensaríamos que eso “solo pasa en las películas”.

Con un tono teatral e increíble, en el sentido literal, se presentó como un acto de sacrificio personal por el bien de su país y su partido.

Biden enfrentó preocupación y diversas presiones internas sobre su capacidad de liderar a la nación durante otros cuatro años. Su decisión, aunque forzada, permite la transición a una nueva generación de líderes demócratas, y con Kamala Harris al frente de la campaña electoral, el impacto se manifiesta en varios frentes.

La actual “VP” trae consigo una energía refrescante y nuevos desafíos. Su historial en temas como el derecho al aborto, la justicia climática y la reforma migratoria está bajo intenso escrutinio por sus oponentes políticos, pero su capacidad de movilizar a las bases demócratas, especialmente mujeres y comunidades minoritarias, podría ser crucial en las elecciones de 2024.

El expresidente Donald Trump y su campaña fueron sorprendidos por la rapidez y efectividad con que los demócratas manejaron la transición de Biden a Harris. Incluso, Trump exigió que el Partido Republicano sea “reembolsado por fraude” debido a los esfuerzos y recursos invertidos contra Biden.

El candidato republicano, quien ha dominado el ciclo de noticias, ahora se encuentra en una posición reactiva, obligado a responder a las acciones de otros, en lugar de controlar la narrativa.

Su equipo ha atacado a Harris, desacreditándola con argumentos que van desde su forma de reír y su política de prohibir popotes de plástico, hasta acusaciones de extremismo liberal. Sin embargo, el desafío para Trump será no caer en discursos que puedan ser percibidos como racistas o sexistas, que podría alejar a votantes indecisos.

En las elecciones de hace 8 años, se esperaba sin temor a equivocarse que Hillary Clinton ganara y fuera la primera mujer presidenta de los Estados Unidos. Las encuestas la mostraban con superioridad en estados clave, y su experiencia política parecía darle ventaja sobre Trump, considerado un político novato y divisorio. Sin embargo, la noche del 8 de noviembre de 2016, trajo una sorpresa escandalosa.

La victoria de Trump reveló aspectos profundos y oscuros del pensamiento de una buena parte del electorado estadounidense y desnudó el fuerte sentimiento nacionalista, racista, xenofóbico y tendencioso que había estado latente y al parecer, suprimido.

Con retóricas incendiarias y polarizadoras, supo capitalizar los resentimientos y frustraciones, destapando a una base que se sentía marginada por el “establishment” político. Su estilo de comunicación, similar al de un show de lucha libre (del cual una vez fue parte), alcanzó a una sociedad acostumbrada a ser entretenida, donde el espectáculo a menudo se confunde con la sustancia.

Por eso, el futuro político de Estados Unidos verdaderamente es incierto y las próximas elecciones no solo determinarán quién liderará al país, sino que también definirán la dirección en la que se moverá en los próximos años.

Como dijo Russell Crowe en la película de “Gladiator”: “Are you not entertained?”.

Monitor republicano

(Por vacaciones, merecidas y necesarias, permítame por favor volvernos a leer el sábado 17 de agosto).

*Texto reproducido con autorización del autor