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Hace unos dos mil años en el noreste de la India y Birmania, así como en China, se descubrió y desarrolló el cultivo de la berenjena, un sabroso fruto que fue llevado mucho más tarde por los musulmanes a España y de ahí a Europa, para que los conquistadores la trajeran a América.

En sus primeros años europeos se difundió la idea de ligar el consumo de las berenjenas a ciertos trastornos graves como la epilepsia; luego fue desechado el infundio y se enriqueció la culinaria. Lo que no pudo la berenjena hacer es divorciar su nombre de un concepto muy hispano: meterse en un berenjenal.
Ese decir significa entrar en grave lío, problema, confusión y desastre. Si se observa la planta de la berenjena se entiende, puesto que es sumamente espinosa.

El presidente Trump ha metido a su país en un berenjenal con su operación, a todas luces ilegal aunque aplaudida por muchos, para secuestrar y llevar a corte neoyorquina a Nicolás Maduro y su esposa.

De orígen, el presidente de los Estados Unidos se saltó a la torera el requisito constitucional de solicitar al Congreso autorización para hacer operaciones millitares en territorio de otro país; Trump afirma que antes de la operación en Caracas había informado a los líderes de ambas cámaras de su intención. Informar no quiere decir solicitar autorización.
Menos obtenerla.

La indagatoria judicial a la que Maduro y su esposa han contestado al juez ser inocentes, es muy difícil de sustentar jurídicamente. Los principales cargos, son el de ser cabecillas de organizaciones de narcotráfico -ya sea de los Soles o del Tren de Aragua- que facilitaban el envío de estupefacientes a los Estados Unidos, la posesión de armas de fuego de alto calibre y el homicidio. Para enfrentar ese expediente, los Maduros ya tienen de abogado al muy famoso Barry Pollack, que fue quien sacó a Julian Assange en otra cause cèlébre.

El segundo cargo es ridículo: no hay en el mundo un solo jefe de gobierno que no tenga en su oficina o casa armamento sofisticado. Me recuerdo que la muerte de Salvador Allende fue un suicidio con la ametralladora que le había regalado Fidel Castro.

El vínculo de Maduro con el narcotráfico se puede intuír, pero es difícil de probar, aunque se acuda al recurso sucio, infame e inmoral del testimonio de los testigos protegidos, que son criminales a los que se les cree para joder a otros criminales, aunque mientan.El cargo de asesinato está más peliagudo: falta el corpus delicti.

Aunque la justicia norteamericana se va a inclinar del lado que el presidente Trump quiere, si los dos cargos primeros se aceptan y lo condenan, Maduro es hombre libre en quince años y hasta menos. Si el asesinato se llegara a probar, puede llegar a la pena de muerte.
Trump no necesita esto. Él ya ganó en el risómetro que mide la popularidad de los gobernantes.Aunque ahora se encuentre metido en un berenjenal.

Ahora, emergen en el caso otras minucias. Trump se llevó al dictador pero dejó la dictadura, así sea bajo amenaza de represalias si no se porta bien. Pero en su pronunciamiento, el ministro de la defensa de Maduro, Vladimir Padrino López, dio a conocer que en la captura del que aún considera jefe supremo de las fuerzas armadas bolivarianas, fueron “asesinados” 32 cubanos y cubanas que formaban parte de la protección personal del dictador y de su esposa, sacados en pijamas.

Así los quesos, si México importó sin ton ni son tantos dudosos médicos de Cuba, me gustaría saber cuántos cubanos resguardan hoy la seguridad del papá de Andy en La Chingada.

O, ¿será que lo protegen los tres bueyes magos, Malhechor, Raspar y Tebasaltar?

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Digno, sobrio, congruente, el discurso de la señora presidente con a de Patria, fijando la posición del país ante el asunto venezolano.

Triste, rascuache, criminal, obsceno y cínico, su comentario de que los damnificados del descarrilamiento del tren transísmico, que presentaron una denuncia penal, están “buscando una lanita”. Eso es no tener vergüenza, ante un hecho que ha puesto en evidencia la corrupción del movimiento político y organismo operativo que la llevaron al poder.

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