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No hay duda que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) marca el paso monetario del mundo, más allá de que cada institución monetaria le ponga su toque local.

Tras la Gran Recesión del 2009 la Fed experimentó con un plan de hiperliquidez, con tasas de interés en dólares en cero, con una inundación de billetes verdes que trastocaron todos los mercados financieros del mundo.

Vamos, el banco central estadounidense tiene como única prioridad su propia economía. Lo demás son efectos secundarios.

Todavía hasta finales del año pasado, la Fed se preparaba para un escenario de aumento en las tasas de interés por presiones inflacionarias y un dinámico crecimiento económico.

Pero las cosas han cambiado de manera importante. Hoy la Fed ya no tiene los mismos temores de un incremento acelerado de los precios, y por el contrario sí tiene evidencias de una desaceleración económica que no quisieran ver que se torna en una recesión, al menos no pronto.

La agresiva política monetaria de la Fed obligaba al Banco de México (Banxico) a seguir los pasos de allá y adaptar su ritmo a esas decisiones.

Pero al mismo tiempo, México tiene factores internos que le obligan a ponerle tanta atención a la Fed como a los factores propios.

Evidentemente que el objetivo central del Banxico es evitar que la inflación se coma el poder de compra de la moneda. Por lo tanto, ese será su objetivo central. El crecimiento de los precios está en el límite de lo aceptable. Ese registro de 3.95% de la inflación anual hasta la primera quincena de este mes de marzo es razón más que suficiente para que no se pensara todavía en laxar el costo del dinero.

Sin embargo, ya no es tan obvio que el Banxico debe mantener las tasas de interés tan altas. Primero, por ese cambio de señales desde Estados Unidos, y segundo, porque la economía mexicana muestra signos de un crecimiento muy lento.

Podremos ver al interior de la Junta de Gobierno votaciones divididas sobre el rumbo que debe seguir la tasa de interés. Pero no hay duda que hay una mayoría que tendría siempre claro que su objetivo es cuidar que la inflación no se salga de cauce, antes que ser empáticos con los esfuerzos de crecimiento económico de la autoridad hacendaria.

No debe el Banxico por ningún motivo abrir rendijas a la inflación por querer “ayudar” al crecimiento.

Seguro que, de aquí en adelante, en esta coyuntura de una desaceleración, vamos a ver cómo el banco central mexicano reta su autonomía, incluso desde dentro con visiones que podrían ser disonantes.

Son ya mayoría los que creen que no subirá esta semana el costo del dinero. Algunos se apuntan a pedir ya una baja en la tasa interbancaria, actualmente en 8.25 por ciento. El consenso habla de mantenerse igual y con una comunicación más relajada por parte de la Junta de Gobierno. Ya veremos.