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Hace falta ser más proactivos en lo fiscal.

Si algo se le permite en estos tiempos al discurso de los bancos centrales es ser acomodaticios. Los responsables de la política monetaria tienen permiso de rectificar ante el cambio radical de las expectativas.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), que marca sin duda la pauta a seguir en el mundo entero, no ha quedado exenta de dar bandazos en sus palabras. Desde la postura rígida de un Alan Greenspan hasta los planes hiperlaxos de su sucesor Ben Bernanke.

En estos tiempos, la Fed un mes considera indispensable monitorear la actividad económica y financiera del mundo, en la reunión siguiente se vuelve a ensimismar en los temas propios de la economía estadounidense, para después abrir otra vez la lupa a la condición global.

El Banco de México también se adaptó a las circunstancias cambiantes. Desde el año pasado, el banco central mexicano se adhirió a la suerte de la política monetaria de Estados Unidos. Cambió las fechas de sus reuniones de decisión de política monetaria para alinearlas a las del Comité de Mercado Abierto de la Fed y se declaró fiel seguidor de esa política.

Pero este año, las cosas cambiaron: México se convirtió de un simple pasajero de la turbulencia de los mercados emergentes a un blanco de ataques dirigidos a sus mercados. El peso se volvió un objetivo y eso necesitaba de una acción específica local.

Por eso es que el Banxico cambió su discurso de disciplinado discípulo de la Fed a un proactivo halcón monetario. Y así, mientras el banco central de Estados Unidos se mostraba más precavido en sus decisiones futuras de política monetaria, el Banxico optó por subir su tasa de referencia en medio punto.

Esa medida, junto con la asumida en conjunto con la Secretaría de Hacienda en la Comisión de Cambios y el primer recorte al gasto público de la autoridad fiscal, han servido para estabilizar un mercado que parecía rendido a los apetitos especuladores.

Ayudó mucho la reconsideración de algunos países petroleros de buscar estabilidad en los precios, pero las medidas locales fueron determinantes para encontrar la paz financiera, al menos por ahora.

Por eso es que ahora el Banco de México puede relajarse un poco, y sin dejar de advertir que tendrá el cañón del costo del dinero apuntando a los especuladores, puede regresar al carril de esperar los siguientes movimientos de la Fed.

En materia cambiaria, dejar sobre la mesa la advertencia de que están armados con las reservas y que no dudarán en usarlas funciona por ahora.

Donde sí hace falta ser más proactivos es en el terreno fiscal. La autoridad se ve inamovible de su idea de no tocar el esquema tributario.

El recorte al gasto público recién anunciado fue recibido de manera positiva en los mercados, pero con los datos disponibles tan sólo dos semanas después, se antoja como necesario dejar ver los alcances de una siguiente medida presupuestal.

A diferencia del Banco de México que hoy puede esperar con más calma las decisiones de política fiscal de la Fed, la Secretaría de Hacienda está obligada a convencer a todo el mundo que su compromiso con la estabilidad macroeconómica es real.