Minuto a Minuto

Deportes Cruz Azul vuelve a la senda del triunfo 
El Cruz Azul de Joel Huiqui salió de un escenario que algunos veían como una terapia intensiva que amenazaba su futuro en el equipo
Internacional Dictan cinco años de cárcel al expresidente ecuatoriano Lenín Moreno
Los hechos ocurrieron cuando Lenin Moreno era vicepresidente del exmandatario Rafael Correa
Economía y Finanzas Volkswagen ajusta su producción en Puebla
La empresa señaló que asume "esta difícil pero necesaria medida apegados a lo que establece la ley"para su producción en México
Nacional México crea consejo para la erradicación del gusano barrenador
El Consejo busca "fortalecer las capacidades científicas, tecnológicas e institucionales en favor de la ganadería, el sustento de millones de familias productoras y el abasto nacional de alimentos"
Nacional Detienen a 12 personas y aseguran 35 armas y más de 7 mil cartuchos en Sinaloa
Como resultado de estas acciones se localizó e inhabilitó un campamento y se aseguró un inmueble

Añado unas reflexiones al tema de los artificios de la democracia de ayer.

Dije muy rápido que la democracia toda y sus reglas no son al fin sino artificios, normas pactadas cuyo valor sustantivo es construir gobiernos legítimos, populares, democráticos y eficaces.

La democracia que conocemos es una construcción artificial en el sentido amplio de que ha sido inventada por el hombre. No estaba en la naturaleza, ni siquiera en la historia antigua. De hecho es una invención reciente, que se reinventa cada día. Todas las democracias que conocemos son increíblemente jóvenes respecto del tranco largo de la historia.

La democracia es también un producto artificial en el sentido de que no hay una forma sustantiva, platónica u obligatoria de democracia, sino muchas variedades, todas experimentales, al punto de que casi cada país tiene la suya.

Salvo en ciertos rasgos generales —elecciones libres, división de Poderes, principio de mayoría— no hay tal cosa como la democracia esencial, a cuyo modelo haya que sujetarse.

La artificialidad mayor de la democracia es seguramente la que Borges sugirió al decir que es una exageración de la estadística.

La exageración de que habla Borges, si entiendo bien, es la que iguala la representación política y la legitimidad de los gobiernos con el número de votos.

Nada tan artificial como el principio de mayoría cuando se cuentan efectivamente los votos respecto al total de la ciudadanía. O cuando se juzga la calidad de los votos, o lo que representan en su sociedad.

El valor sustantivo de una norma democrática no debe juzgarse por su origen, que es artificial por definición, fruto de acuerdos políticos, sino por su resultado, porque el resultado de los artificios de la democracia es lo menos artificial que puede haber: produce buenos o malos gobiernos.

Si las normas democráticas producen gobiernos malos son un artificio fallido. Si producen gobiernos buenos, son logros civilizatorios que debemos preservar.

Nuestra democracia se parece más al primer caso que al segundo. Hay que cambiarla hasta que produzca lo segundo.

[email protected]