Minuto a Minuto

Internacional México y Estados Unidos van contra empresas fachada y financiadores del CJNG; ¿a cuántos sancionaron?
El objetivo es limitar los recursos utilizados por la organización para traficar fentanilo y otras drogas hacia territorio estadounidense
Nacional Hijo del periodista Francisco Leyva pide no callar ante la violencia
El hijo del periodista Francisco Leyva pidió que se investigue el asesinato de su padre hasta las últimas instancias y se dé con los culpables
Entretenimiento Muchas series y más películas: esto es lo que llega a Netflix en agosto
Múltiples películas y series originales llegarán en agosto a Netflix, además de la saga de Shrek
Nacional México y Estados Unidos dialogan sobre drones, inteligencia y seguridad marítima; ¿quiénes se reunieron?
En reuniones del 19 al 22 de julio, el objetivo fue refrendar el compromiso de fortalecer el trabajo coordinado frente a desafíos comunes
Ciencia y Tecnología Video selfie, la nueva opción para acceder a la cuenta de Google
Así es como funciona el video selfie para acceder a la Cuenta de Google

El azar y lo inesperado, verdaderos dioses de la historia, han sido crueles con este momento de México.

En particular, con las promesas de cambio de su gobierno. La paliza que le han dado los hechos a la llamada cuarta transformación, apenas puede exagerarse.

Lo sucedido en estos meses puede resumirse como un enorme desencuentro, en muchos sentidos trágico, entre grandes esperanzas y pobres resultados.

“Antídotos contra la soberbia”, llamaba José Emilio Pacheco a la continua defraudación que infligían los hechos a pretensiones desmesuradas de artistas y escritores.

Un eje de la dimensión trágica de lo que sucede en México es la obcecación, mezcla de soberbia y terquedad, con que el presidente Andrés Manuel López Obrador se empeña en tropezarse con la misma piedra infranqueable donde hace tropezar al país.

Esa piedra es la idea misma de lo que el Presidente llama “Cuarta Transformación”, su baraja de proyectos irrealizables, con exiguos recursos, con pobres instrumentos gubernativos, y con una asombrosa incapacidad de corregir el rumbo.

López Obrador persiste en un proyecto de cambio que resulta inviable en los hechos y que, en el horizonte de la pandemia del coronavirus, puede resultar catastrófico.

Los dioses ciegan a quienes quieren perder, dice la cita clásica. Parecen haber cegado al Presidente de México respecto de la viabilidad de su proyecto. Pero sobre todo, parecen haberlo cegado respecto de la posibilidad de corregirlo en lo accesorio, para cumplirlo en lo esencial.

Lo esencial del proyecto es redistribuir la riqueza, disminuir la pobreza, atenuar la desigualdad.

Ni el rescate de Pemex, ni la loca inversión en la refinería de Dos Bocas, ni la quimera de un aeropuerto internacional construido por el Ejército, ni los proyectos fantasmales del Tren Maya o el Canal Transístmico, son conducentes o necesarios para el propósito esencial.

Menos aún frente a la evidencia de su imposibilidad financiera en el sombrío panorama económico de los años que vienen.

Lo esencial para el proyecto esencial del gobierno es canalizar recursos frescos a los escenarios cruciales de la emergencia: la salud y sus profesionales, la pérdida de empleos y de ingresos de la población, la destrucción del tejido productivo del país y el empobrecimiento de la gente.