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La adopción que el presidente electo de nuestro país ha hecho del beisbol, deporte cuyo origen moderno es estadounidense, al darle alta prioridad en los planes deportivos de su próximo gobierno, será el tema de la columna de hoy.

“No hay que pensarlo mucho”, escribió López Obrador, en su cuenta de Twitter, “el programa deportivo 2018-2024 tendrá tres vertientes: actividad física y deportiva, en todos lados, para la salud y el bienestar; de alto rendimiento para ganar muchas medallas; y el beisbol, escuelas y formación de prospectos para grandes ligas”.

En la era del futbol, todavía existen zonas en nuestro país donde el beisbol, al igual que en Estados Unidos, Cuba, Dominicana, Puerto Rico, Panamá y Venezuela, es la práctica deportiva predominante por lo que es llamado “El Rey de los Deportes”; también se juega —y muy bien— en Japón y —no tan bien— en otros países asiáticos y en Sudáfrica.

Una de las regiones de la república mexicana donde predomina el beisbol en el panorama deportivo, es la entidad tabasqueña; la tierra donde nació el próximo Ejecutivo, en la que jamás ha habido un equipo profesional de futbol y en cambio sí ha tenido equipos de beisbol de la Liga Mexicana, uno de los circuitos profesionales preponderantes en el país, el otro es la Liga Mexicana del Pacífico. En la actualidad a Tabasco lo representan en la precitada liga los Olmecas, antes fueron Los Cardenales, Los Plataneros y Los Ganaderos.

Si hacemos un símil entre un equipo de beisbol, compuesto de 9 jugadores titulares, un manager y coaches auxiliares, en primera y tercera base, más el de pitcheo; y el equipo de gobierno de López Obrador, tendríamos que prescindir del manager porque él preferiría ser el pitcher, el lanzador, que en el beisbol es el que gana o pierde los juegos, la máxima estrella, por encima de los grandes bateadores, además el pitcher o lanzador, también puede batear. Yo veo a AMLO como pitcher abridor y manager. A Alfonso Romo le daremos categoría de coach principal o submanager —valga la figura—; a Marcelo Ebrard lo veo como cátcher o receptor. En primera base alinearía la primera mujer que se hizo Notaria por oposición, la ex ministra de la Corte, Olga Sánchez Cordero; en segunda base (para componer los libros de segundo grado) Esteban Moctezuma Barragán, con un guante para seis dedos si fuera necesario; como short stop estaría Tatiana Clouthier y en tercera base Rocío Nahle. En el center filder —es decir, jardinera central— quién mejor que Josefa González Blanco Ortiz Mena, de apellidos ilustres en la gran carpa y, además, ecologista. A Josefa la acompañarían Gabriela Márquez Colín en el jardín izquierdo y, la novata del año, Luisa María Alcalde, en el derecho (laboral). De coaches en primera y tercera estarían Porfirio Muñoz Ledo y Ricardo Monreal Ávila, respectivamente. Además habrá lugares para bateadores o bateadoras designados o designadas; así como corredores o corredoras emergentes. Obviamente, en este equipo está prohibido el robo de bases.

No faltará, al ver que en el equipo hay más mujeres que hombres, quien diga que más que beisbol se va a jugar softbol, que es un beisbol suave, más propio de mujeres aunque también lo juegan los hombres.

A todo lo anterior, y para continuar con la comparación entre el beisbol y el gobierno de AMLO, quisiera yo que los Ampayer, el equivalente a los árbitros en el futbol o a los fiscales anticorrupción para delitos electorales y el general Procurador de la República en la vida política, no sean Ampayers carnales, sino que sean elegidos democráticamente.

Por supuesto que deseo que la novena gubernamental, que jugaría en casa y por lo tanto le tocaría batear en la parte baja —abrir— de las entradas o innings, saque la pelota del parque para anotar carreras y en la parte alta, sea por los ponches que realice el pitcher o las grandes atrapadas del resto de los peloteros, pongan out a las ratas del erario. Lo único que no deseo es que el equipo de Andrés Manuel fuerce las cosas para querer jugar extrainnings.

Es posible que el deseo de AMLO de formar peloteros para las grandes ligas sea considerado por muchos como una gran jalada. Sin embargo, no sólo “El Chicharito” tiene la posibilidad de pensar en cosas chingonas en materia deportiva. Inclusive, ahora mismo, si comparamos el número de futbolistas profesionales mexicanos que juegan en nuestro país, con el número de peloteros nacionales del beisbol de paga, la diferencia a favor de los futbolistas es enorme. Ahora bien, si se saca un porcentaje de cuántos futbolistas y cuántos beisbolistas nacidos en México juegan en el extranjero en relación con esas cantidades, la ventaja para el beisbol es más grande. Por 19 futbolistas mexicanos que juegan o calientan la banca en el extranjero, hay 13 mexicanos en actividad total en el beisbol de las mayores: Víctor Arano, Héctor Velázquez, Joakim Soria, Fernando Salas, Roberto Osuna, Miguel González, Jaime García, Marco Estrada, Jorge de la Rosa, Sergio Romo; estos diez son pitchers. Además: Adrián González, primera base; Khris Davies, filder; Christian Villanueva, tercera base. Y una pléyade de novatos con posibilidades de ser big leaguers.

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