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Algo está mal en la cabeza de Alejandro Moreno Cárdenas, el que se hace llamar “Alito”.

Si lo juzgamos por sus delirios de grandeza el dictamen diría que padece megalomanía. Ahora bien, si el juicio se basa sobre el desvarío que lo hace pensar que su labor como dirigente del PRI ha sido eficaz, a pesar de lo que refleja la realidad, el diagnóstico sería que sufre esquizofrenia. Más aún, si fundamentamos nuestra opinión en la denuncia de la diputada Monserrat Arcos de que a través de la contratación de talleres en línea para la capacitación de cuadros femeninos priistas, Alito se quedó con millones de pesos, entonces su mal se llama cleptomanía. Dejo que la lectora o el lector y, sobre todo, algunos de los sobrevivientes de esa especie en vías de extinción llamada priismo, elijan cuál de las tres condiciones mentales afecta al, todavía, dirigente del Revolucionario e Institucional, quien con el agua —ahora tan escasa— hasta el cuello, se atrevió a manifestar: “si se tiene que reformar a fondo el PRI, con nuevas propuestas y nueva imagen lo vamos a hacer”.

La frase anterior, la emitió Moreno Cárdenas, el pasado martes en una reunión a puerta cerrada en la que estuvieron presentes sus cercanos e incondicionales, así como los 33 diputados y los 17 senadores —él incluido— que tendrá su partido en la LXVI Legislatura cuyos trabajos inician el próximo 1 de septiembre. Será la quinta fuerza en la Cámara de Diputados y la tercera en el Senado.

Habría que averiguar lo que en su confundida mente Alito entiende por buena imagen. Tal vez piense que ésta puede lograrse con botox en lugar de votos.

A pesar de los magros resultados electorales y de que el PRI es el partido más rechazado por los ciudadanos según todas las encuestas; aunado a que por disconformidad con el dirigente abandonaron el instituto político importantes militantes como Miguel Ángel Osorio Chong, Nuvia Mayorga, Eruviel Ávila, Claudia Ruiz Massieu, Omar Fayad, Alfredo del Mazo Masa y Alejandra del Moral; Moreno Cárdenas ni suda ni se acongoja y con un entusiasmo digno de mejor causa, ciego ante la realidad, se prepara para el próximo 7 de julio celebrar la vigésima cuarta Asamblea Nacional del partido que, bajo su dirección, ha conservado sólo dos gubernaturas (Durango y Coahuila) de las 12 que tenía al comenzar su gestión. (Tramposamente modificó los estatutos del partido para prolongar su mandato con el fin de “tener mano” en la designación de candidatos para los pasados comicios).

En la precitada reunión del martes pasado, el campechano, quien enfrenta una denuncia ante la Fiscalía General de la República por un posible desvío de 4,000 millones de pesos cuando gobernó su estado natal, insistió en su punto de vista de que si bien el PRI llevará a cabo “el cambio más profundo” donde no se descarta crearle una nueva imagen; no es el momento para discutir estrategias o liderazgos dentro del partido, “el cambio de dirigencia aún está a discusión, pues no es concurso de complacencias musicales, en el que ‘a mi no me gusta Alito’ (como dirigente). No, esto es un partido político y aquí tenemos que tomar decisiones políticas que van a tener trascendencia”.

Sin duda, Alejandro Moreno Cárdenas, es un caso para el psiquiatra. Enfermo de poder, se ha convertido en una paradoja política que expresa: “llegó el tiempo de impulsar la modernización y el cambio más profundo del PRI, pero hay que hacerlo con los que estamos aquí”. ¿Iluso o cínico? Con los que estaban ahí, con él a la cabeza, lo único profundo que se puede hacer por el PRI es cavar su tumba.

Refrán

Cuando veas al hijo de tu vecino encarcelar, manda a los tuyos a ocultar.

Punto final

Estoy más cerca de un golpe de calor que de un golpe de suerte.