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Todo indica que ha empezado ya la mexicanísima carrera parejera por el poder sindical, una carrera en la que gana el que viene muy atrás porque corre sobre la mano del Presidente.

El caballo presidencial es el del líder minero, senador de Morena y presidente de la Comisión de Trabajo del Senado, Napoleón Gómez Urrutia.

Gómez Urrutia ha echado a andar una Confederación Internacional de Trabajadores, que agrupa 10 federaciones estatales y 150 sindicatos de distintas ramas, entre ellas parte el sindicato minero, los de las extintas empresas Mexicana de Aviación y Luz y Fuerza del Centro, así como una Federación Sindical, escisión de la viejísima pero todavía poderosa Confederación Regional Obrera y Campesina (CROC), y otra muy vieja también, la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM).

El caballo no presidencial es enorme y tiene dos franquicias. Una es la inmemorial Confederación de Trabajadores de México (CTM) que dirige el senador priista Carlos Aceves del Olmo, con 4.5 millones de trabajadores afiliados, 33 federaciones estatales, 180 regionales y 70 sindicatos nacionales, entre ellos el eléctrico, el petroquímico y el azucarero.

La otra franquicia obrera no presidencial es la CROC, que encabeza el diputado priista, Isaías González. La CROC dice tener 3 millones de trabajadores afiliados, principalmente del sector turístico y gastronómico (datos de Héctor Muñoz “Napoleón Gómez Urrutia y el nuevo sindicalismo”, https://bit.ly/2trIEBb).

Por donde se le vea es una carrera de viejo sindicalismo priista contra viejo sindicalismo priista, aunque hay que reconocer en el de Gómez Urrutia un toque internacional, que brilla por su ausencia tanto en sus rivales como en sus agremiados mexicanos. Gómez Urrutia dice estar pensando su estrategia en convergencia con al menos parte del sindicalismo norteamericano, y del laborismo inglés, de cuyo líder Jeremy Corbyn es amigo y se dice que puente hacia López Obrador, a quienes habría acercado en su momento (la esposa de Corbyn es mexicana).

Nadie arrebatará su poder a los actuales líderes sindicales de México, salvo con la antigua fórmula de nuestra historia: el apoyo del Presidente. Y aún con ese apoyo, nos recuerda la misma historia, ningún relevo ha sido lo que se llama consensuado y terso.

La carrera empezó, pero no hemos visto nada todavía.