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Con una impecable hoja de servicios, Ana Lilia Herrera hacer historia hace seis años, y convertirse en la primera gobernadora del Estado de México con el respaldo del entonces gobernador, Eruviel Ávila Villegas. Pero en Palacio Nacional despachaba Enrique Peña Nieto y la liturgia priista —esa que lo llevó al poder— lo obligaba a cumplir la palabra empeñada y darle la candidatura a su primo, Alfredo Del Mazo.

En el 2011, el entonces alcalde de Huixquilucan aceptó dejar que Eruviel fuera el candidato, por decisión del gobernador Peña Nieto. La amenaza de una fractura al interior del PRI hizo que el Grupo Atlacomulco cediera la nominación a un cuadro priista oriundo del Valle de México.

Originaria de Ecatepec, Ana Lilia habría dado continuidad a esa línea sucesoria. Del Mazo gobernó Huixquilucan, pero sus raíces —como las de Peña Nieto— están en Atlacomulco, al igual que las de Carlos Hank Rhon. El peso demográfico y electoral del oriente de la zona conurbada de la entidad mexiquense definió el camino priista. Morena, por su parte, optó por los liderazgos oriundos de Texcoco.

Marginada por el peñismo, Herrera buscó nuevamente la candidatura priista. Pero su oportunidad dependía del método de selección. El gobernador Del Mazo y el presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, habían acordado una batería de encuestas que tuvo como coprotagonista a la coordinadora para la defensa del Estado de México, Alejandra del Moral.

Pero la máquina tricolor es parva. Cierra el año con apenas tres gobernadores y podría llegar al 2023 con apenas una gubernatura. Y es que los pronósticos electorales son poco promisorios para Coahuila y —sobre todo— el Estado de México.

Al igual que en Hidalgo y Oaxaca —donde sus candidatos perdieron con rotundidad— la dirigencia nacional y el jefe político (léase el gobernador) tienen visiones distintas. La negociación de una alianza opositora quedó a cargo de las instancias locales, sujetas a la validación del CEN que encabeza Alito.

El exgobernador de Campeche asumía, a finales del pasado noviembre, que Enrique Vargas del Villar —líder de la bancada panista en el Congreso local— retiraría su precandidatura por la candidatura aliancista. Esa declinación, de acuerdo con dirigentes partidistas involucrados en las negociaciones, resultó menos complicada que la de Ana Lilia Herrera Anzaldo. La intervención de los exgobernadores, más que la intercesión de Alito, permitió el acercamiento entre las partes, después de dos meses de incertidumbre.

Finalmente, Ana Lilia aceptó la invitación para ser delegada especial del CEN del PRI. Su presentación ocurrirá en una sesión extraordinaria del Consejo Político, donde se espera la ratificación de Erick Sevilla como presidente del tricolor estatal.

Efectos secundarios

DIGNIFICACIÓN. Antes de que concluya este mes, el IMSS habrá completado lo que será la renovación de equipos de cómputo más amplia de su historia: 54,300 unidades nuevas. De estos, 25,554 equipos irán a unidades de medicina familiar y hospitales de segundo y tercer nivel; 12,467 para unidades de administración y 14,300 para la operación del programa IMSS-Bienestar. Este despliegue materializa uno de los objetivos prioritarios del programa institucional, consistente en la dignificación y equipamiento de las instalaciones. Y se concreta el reemplazo de equipos que tenían más de una década sin renovación.

Por instrucciones de Zoé Robledo, la transformación digital del IMSS quedó en manos de un equipo encabezado por Claudia Vázquez Espinosa que tuvo que enfrentar el doble reto de cumplir con la política de austeridad republicana y vencer las inercias del pasado.