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Un pequeño escándalo de falsos ofendidos han hecho los estrategas de las mañaneras presidenciales pidiendo que se investigue y se censure a quien dijo, en La hora de opinar de Televisa, Jorge Castañeda, que las campañas negativas son indispensables para quien va abajo en una contienda electoral.

Es una verdad de libro de texto: Go negative, que en México adquiere la expresión de “guerra sucia”, la más improcedente para hablar de lo que hablamos: estrategias electorales para golpear al adversario.

La expresión “guerra sucia” remite a las horas más oscuras de las dictaduras latinoamericanas, a represión estatal contra miles y atrocidades sin fin. En México costó mil desaparecidos.

Las campañas negativas que los opositores electorales se hacen entre sí no tienen nada que ver con eso. De hecho, cuando se basan en la difusión de verdades, son un servicio para los votantes.

Les dan una información que no van a obtener en ninguna otra parte sobre la calidad de los candidatos que compiten.

Incluso si tienen simpatías por alguno de ellos, a los votantes no les viene mal saber que su preferido tiene lados flacos, a veces no muy graves pero a veces inaceptables.

Ese servicio solo pueden dárselos quienes hacen campañas negativas contra sus opositores.

Es un servicio fundamental para los votantes que quieren saber por quién van a votar. No es guerra sucia, ni siquiera guerra, no hay muertos ni ejércitos disparando balas contra los adversarios.

Hay solo unos especialistas interesados tratando de que pierda su adversario en las urnas, asunto no solo normal sino sano en la vida democrática.

Ahora bien, si alguien no tiene derecho a quejarse de las campañas negativas en este país es el gobierno, en particular el Presidente, cuyo discurso normal podría describirse como un ejemplo extremo y cotidiano de campaña negativa contra todos los que se le oponen.

Y eso igual cuando andaba abajo en las preferencias electorales cuando era opositor y ahora que es presidente. Es el rey absoluto de las campañas negativas. Las suelta todos los días desde Palacio, al tiempo que se queja y pide censura contra lo que se dice en un programa semanal de televisión.

Es una especialidad que le conocemos ya en todas sus variantes. Es la especialidad de gritar “¡Al ladrón!