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El incendio en el puesto central de control del Metro capitalino emblematiza el destartalamiento del país a que ha estado condiciendo la 4T con su política pichicatera de ilusorio “ahorro” y su desprecio por la sabia recomendación de que lo barato sale caro.

La conflagración se debe a una irresponsabilidad eventualmente criminal: falta de mantenimiento.

Hace casi un año, la directora del cada vez más chatarrizado sistema tumultuario de transporte, Florencia Serranía, cometió la barbaridad de adjudicarse las obligaciones de la descabezada Subdirección General de Mantenimiento: “El Metro tiene tantos problemas que yo decidí asumir esta posición doble y poder instrumentar integralmente lo que requiere el Metro, ni modo que me quite a mí misma.

Y dejar de escuchar si el responsable es material rodante o el jefe de instalación. El Metro requiere una reestructuración, porque somos una empresa con un grado de obsolescencia muy fuerte, porque estaba basado en su creación de hace 50 años”, informó ante la diputación capitalina el 30 de noviembre pasado.

MILENIO ha dado cuenta de que trabajadores de la subestación Buen Tono en el edificio de la calle Delicias, corazón de las principales arterias del Metro, afirman que los transformadores llevaban “más de un año sin recibir mantenimiento”.

La jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, aseguró que esos equipos estaban en proceso de revisión recientemente, pero que el incidente se adelantó a cualquier posible reparación.

¿Por qué no se revisaron a tiempo? Se sabe que a esos transformadores, que ya fallaban antes del incendio, debe dárseles mantenimiento cada año, lo cual no sucedió.

Esos aparatos alimentan las líneas originales 1, 2 y 3, que son las más concurridas y suman cinco: cuatro en operación y uno de reserva cuando a otro se le da mantenimiento.

Son viejos pero de tan alta calidad como puede serlo un Ford T al que no se le haya escamoteado el servicio. Desde que los franceses los instalaron (la tecnología más avanzada en su época), llevaban más de 50 años operando.

El mantenimiento periódico es para que el aceite que los enfría lo haga siempre. Si se vuelve viscoso, pierde su capacidad de mantener baja la temperatura, viene el calentamiento y pueden incendiarse, reventar o hasta explotar.

¿O hubo un corto circuito en algún cable subterráneo? Pues igual, no se revisó con oportunidad. Para ser eficiente, la Dirección del Metro requiere de tres subdirecciones: Administración, Mantenimiento y Operaciones.

Gravísimo pero típico de la cuarta que no se reconozca el problema de la falta de un tramo de la responsabilidad, la Subdirección que absorbió la señora Serranía, y que se pretenda echar la culpa al gerente de Instalaciones Fijas de aquella misma fantasmal área medular del otrora espléndido y hoy desvencijado Metro.

La infraestructura determina la superestructura (Marx dixit). ¿Cómo estará el mantenimiento en el Sistema de Drenaje Profundo…?