Vivimos un pleito en el que, aquí, usan propaganda ideológica y, allá, usan “abundantes” pruebas legales
La política, como arte de lo posible, no halla camino en la relación México-EU: desde aquí acusaron “injerencia”, el domingo (por quererles enjuiciar por narco a un gobernador), y desde allá respondieron, ayer, acusando de narcos a dos gobernadores más.
Pero a la vez que equiparaba defender la soberanía con defender a acusados de narcos (que enfrentan pruebas similares a las que Morena apoyó contra García Luna) México pedía extender 16 años más el T-MEC, que le deja dos millones de dólares por minuto.
Este momento de la relación bilateral exige mesura. Y congelar el balón corresponde siempre a quien pierda más. Vivimos un pleito en el que, aquí, usan propaganda ideológica y, allá, usan “abundantes” pruebas legales.
Aunque EU aceleró violentamente. Filtró que uno de quienes les pasa información, sobre el supuesto narcogobierno, es el presidente del Consejo Nacional de Morena, Alfonzo Durazo. El mensaje fue: ¿De verdad quieren más?
El diario @latimes publicó que Durazo (quien además es gobernador de Sonora) goza en EU del Signficant Public Benefit, visado de libertad condicional para quienes cooperan con la ley en EU. Si Durazo es confidente de EU, el “movimiento” está quebrado.
Durazo fue el secretario de Seguridad Pública de López Obrador, mismo cargo que tenía el condenado por narco en EU García Luna, con el expresidente Felipe Calderón. Durazo puede ser el García Luna de López Obrador.
Si la respuesta de México es otra soflama política, lo que indica la hoja de ruta de este contencioso es que EU señalará a alguien de más nivel en la 4T, como vinculado al narco: el efecto bola de nieve, en esta pugna de ideología contra “abundancia de pruebas”.
El origen del actual descalabro moral y político de Morena es que López Obrador usó la peor táctica para llegar al poder: presentarse como poseedor de una honestidad imposible, al venderla como única e inmaculada.
Pero su régimen desfalcó 20 mil millones en Segalmex, se robó 200 mil millones anuales en huachicol, infló en mil millones los costos del AIFA, Tren Maya, Dos Bocas), toleró al narco, sus tres hijos mayores se volvieron multimillonarios: ¿Honestidad Valiente?
López Obrador no sólo se vendió él mismo como apóstol y faquir: extendió esas presuntas virtudes a los integrantes del “movimiento” y a sus propios hijos. Pero ni él, los miembros del “movimiento”, ni sus hijos son apóstoles o faquires.
Vamos: el 9 de mayo de 2005, al anunciar que su primera campaña presidencial sería “austera”, lució un reloj Tiffany de platino y correa de piel de lagarto, colección “Mark”, de 85 mil pesos de entonces. Y su hijo Andy calzaba tenis Louis Vuitton de 870 dólares.
Es el problema de fingirse Gandhi, sin serlo: se termina haciendo el ridículo.
