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La diatriba de Andrés Manuel López Obrador contra los médicos del fin de semana pasado es lo más ofensivo y lo menos oportuno que haya dicho en mucho tiempo.

Y vaya que hay tela de dónde cortar en sus abusos verbales de cada semana. Por el tema, por el tono, por el tiempo en que lo dice, la diatriba contra los médicos “del periodo neoliberal”, se lleva la palma.

Justo cuando los médicos están en la primera trinchera de la batalla nacional contra la epidemia, el Presidente recuerda de la profesión lo peor que puede haber en ella, su espíritu de lucro,  su indiferencia ante el dolor, su codicia.

Ahogado en su discurso de descalificaciones sin fin, el Presidente vuelve a dar muestra de su insensibilidad, de su preocupación abstracta por el pueblo y su insensibilidad concreta, su notoria falta de empatía, ante ciudadanos que padecen en carne propia las inequidades de nuestra sociedad y las decisiones del gobierno: hace poco las víctimas de la violencia, luego las mujeres, ahora los médicos.

Dice el Presidente, utilizando un pésimo chiste de pueblo, que los médicos preguntan a sus pacientes “¿Qué tienes?”, queriendo saber por esa pregunta no qué enfermedad les aqueja, sino cuántos bienes tienen para pagar.

Triste humor de triste pueblo el que traduce ese triste juego de palabras.Increíble  que  se lo saque de la manga el Presidente en el momento de mayor sacrificio y riesgo de la profesión médica que podamos recordar.

Hay mucho resentimiento, mucha falsa “verdad popular” en ese dicho fácil, de baja calidad, como tantos otros que hay en el repertorio del Presidente.Y es una barbaridad traerlo a cuenta precisamente ahora, cuando miles de médicos y paramédicos, formados todos en “el periodo neoliberal”, se juegan la vida cada día conteniendo la prioridad pública del país.

El Presidente ha perdido otra oportunidad de quedarse callado frente a una cohorte fundamental de la sociedad.

A lo largo de mi vida, no he recibido de mis médicos , todos  ellos  del “periodo neoliberal”, sino curas y soluciones.  Sin ellos,  probablemente mi vida habría terminado hace tiempo, igual, por cierto, que la del Presidente, y la de millones de mexicanos.