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Escribí ayer que el voluntarismo político no sabe aritmética y que por eso no manda expertos a negociar al T-MEC. No mide lo que puede perder. También puede ser, como ha escrito Jorge Castañeda, que el gobierno mexicano esté viendo con claridad las aritméticas catastróficas que pueden resultar de un desacuerdo total, y esté fincando en ellas su posibilidad de un triunfo político en la negociación.

Sería una apuesta, dice Castañeda, en la lógica de la disuasión nuclear mutua en que vivieron décadas la URSS y Estados Unidos: los dos podían destruirse si usaban ese armamento y por lo tanto ninguno lo usaba. https://bit.ly/3ScVk7S. Lo mismo con el T-MEC: imponer grandes sanciones a México podría ser catastrófico para México, pero también, de rebote, habría un gran daño para Estados Unidos.

México le plantearía a Estados Unidos un No radical en la negociación, ateniéndose a la fuerza de esta argumentación política: si me destruyes te destruyes, si desbaratas mi economía con sanciones comerciales, tendrás un lío en tu frontera sur que no puedes pagar: un éxodo de migrantes mexicanos en busca de trabajo, una ruptura de cadenas productivas que son importantes para la economía mexicana, pero también para la de Estados Unidos, y la desestabilización económica y social de un vecino cuyo gobierno hace para Estados Unidos tareas fundamentales de seguridad, combatiendo el narcotráfico y conteniendo migrantes.

En suma: me castigas pero te castigas. La aritmética de este trato es estrictamente política: si me quitas dos puntos en la negociación, al final vamos a perder cuatro puntos los dos.

Si me das los dos puntos que te pido en la negociación, empatamos el daño a cuenta de unos intereses privados que no pueden estar por encima de los nacionales y de la buena relación, por agridulce que resulte, entre los dos países.

El voluntarismo de esta aritmética catastrofista es evidente, lo mismo que su arbitrariedad. No es en realidad una aritmética, sino una apuesta cuyo fondo temerario es: o toleras mis arbitrariedades o nos hundimos los dos.

La catástrofe común así esbozada tiene un talón de Aquiles: hace mucho tiempo sabemos que México puede hundirse solo, sin arrastrar en su hundimiento a Estados Unidos y Canadá.