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2023. Año de Francisco Villa.

En La tormenta, José Vasconcelos refiere las calamidades que la presencia de Villa y sus soldados trajeron a la capital del país cuando la ocuparon en diciembre de 1914.

“Sus oficiales se presentaban en los restaurantes más concurridos, bebían, comían y firmaban vales en lugar de pagar, lo que nosotros ahorrábamos en un mes, Villa y su gente lo gastaban en una noche de orgías”

Por haber querido disciplinar a unos villistas ebrios y por censurar públicamente sus desmanes, Villa mandó fusilar al coronel carrancista David Berlanga, cuya ejecución, narrada por el ejecutor, Rodolfo Fierro, es un gran pasaje de El águila y la serpiente, de Martín Luis Guzmán.

Vasconcelos contó en La tormenta un episodio menos violento pero quizá no menos expresivo de ese momento.

Ya en 1915, escribe Vasconcelos, “empezaba a ser costumbre que todo aquel que ganaba posición de nota en la capital de México, ya como capitalista, ya como político, gobernador o general, tenía que amancebarse, más o menos temporalmente,  con  una cupletista retirada de las tablas y dedicada a la galantería dispendiosa. La llamaré La Condesita: era española y bailaba bien: su trato agradable acentuaba sus atractivos de belleza blanca, esbelta y de ojos negros carnes nerviosas”.

Y la ofrecía para convites su protector, un don Ángel, congraciado en negocios con Villa. Villa vino a conocer a la Condesita en una cena, de muchos alcoholes y albures. Vasconcelos estuvo ahí.

Villa no tomó una copa, sólo agua y al final de la cena dijo:

“—Bueno, Condesita, ¿qué tal si tú y yo nos vamos por allá adentro unos instantes.

“Y la tomó del brazo y desapareció con ella por las habitaciones interiores. Se miraron todos perplejos. Don Ángel se puso muy pálido; los mozos sirvieron más vino, se reanudaron las conversaciones soeces, y a poco se presentó Villa, de la mano de la Condesa, y devolviéndola a su asiento exclamó: “—Bah! ¡Yo me figuraba otra cosa…! ¡Con tanto que hablan…!¡Pero ya está muy usada!

“Corrieron lágrimas ofendidas de los ojos de la Condesa, mientras los comensales celebraban con risotadas la ocurrencia del general” (FCE. Letras mexicanas, 1982;pp. 641-42).

Se han dicho muchas mentiras de Villa. Una es que trataba bien a las mujeres.