Minuto a Minuto

Entretenimiento Muere en Argentina integrante del espectáculo infantil ‘Bely y Beto’
De acuerdo con la información difundida, Samuel Garza acompañaba al equipo de Bely y Beto durante la etapa de la gira por Argentina cuando ocurrió el fallecimiento
Internacional Delcy Rodríguez asegura que trabaja en “plan maestro” para la reconstrucción de Venezuela
Rodríguez aseguró que su administración ya trabaja en un plan para La Guaira que permita su recuperación en infraestructura y vivienda
Nacional Decomisan más de ocho millones de cigarrillos falsos en Colima
La ANAM detalló que el decomiso de cigarrillos es el resultado de las medidas de control implementadas de manera coordinada entre las instituciones
Nacional UNAM suspende temporalmente inscripciones y entrega de documentos para licenciatura
La UNAM señaló que la revisión del Concurso de Ingreso 2026 continuará hasta concluir las acciones para garantizar la certeza del proceso
Nacional Despiden a Valentín Lavín Romero, alcalde de Temoac, en medio de un gran dispositivo de seguridad
El homenaje a Lavín Romero no pudo realizarse en la presidencia municipal porque la Fiscalía de Morelos mantiene el inmueble bajo resguardo

Leí en su versión inédita, lista para la imprenta, una biografía admirable de Ignacio Almada Bay sobre Álvaro Obregón Salido, el general invicto de la Revolución mexicana, presidente de México (1921-24) y presidente reelecto, asesinado en 1928.

La lectura me devolvió a una vieja cavilación sobre el sentido de la Revolución mexicana como una guerra civil que puso al Norte, por primera vez, en el centro de la historia nacional.

Aquel Norte remoto, aislado del centro de México, tocado por la expansión del capitalismo estadunidense, con sus trenes, sus minas, sus haciendas ganaderas y agrícolas, incubó a los ejércitos triunfadores de la Revolución.

El mundo del que venían aquellos ejércitos anticipaba bien, mejor que los levantamientos agrarios del Sur, el camino que México seguiría en el siglo XX.

Entre otras cosas, porque el vecino norteño de entonces, Estados Unidos, se volvió durante el siguiente medio siglo la vanguardia política, militar, científica y cultural de Occidente. Inmenso imán.

Aquel imán estaba ya presente, embrionario y pujante, en la expansión de los ferrocarriles, las empresas agrícolas y ganaderas, las minas, el comercio y los enclaves industriales del Norte de México.

Poco o nada tenía que ver aquel Norte naciente con la vieja nación mexicana del centro y del sur. Así lo dejó escrito Federico Gamboa, rebosante en su alma de la Ciudad de México y el barrio de Chimalistac: el Norte, Sonora en particular, no había sufrido nunca al compás de los dolores de México, del México indio y mestizo, tan enriquecido como entorpecido por su historia compleja: india y europea, teocrática, feudal y liberal. Portentoso jeroglífico.

Poco o nada tenía que ver este portentoso jeroglífico con el Norte llano, inmenso, apenas habitado por pueblos libres y ciudades pujantes nacidas al pie de minas, acererías y campos irrigados.

La revolución que bajó del Norte trajo a México dos novedades radicales fundidas en una imagen que nos es familiar: los ejércitos norteños ocupando el país a bordo de sus ferrocarriles.

Dos Nortes en una imagen: el Norte de la violencia y el Norte de la modernidad. Villa fue el emblema del primero. Obregón del segundo.

Los dos duran hasta hoy.