Minuto a Minuto

Internacional Francia ensaya el disparo de un nuevo misil nuclear supersónico
De acuerdo con autoridades de Francia, el misil era un ASMPA renovado pero sin carga militar a bordo y su prueba ya estaba aprobada
Deportes Jardine no ve equipo favorito en su segunda final con América
Jardine, campeón con América, afirmó que no ve equipo favorito a horas de vivir frente a Cruz Azul su segunda final consecutiva
Nacional Los muertos de López Obrador
            Esto es algo que México no puede soportar y no se trata de que solo este haya sido un sexenio sangriento, no, viene de atrás, pero sí es el peor
Nacional “Yo nunca había visto una cosa así”: Álvarez Máynez tras colapso de templete
En las primeras declaraciones que dio a medios, desde el lugar de los hechos, Álvarez Máynez aseguró que nunca había visto algo así
Nacional MC suspende actividades tras colapso de templete en Nuevo León
Dante Delgado, líder de MC, señaló que suspenderán todas las actividades por el accidente que ocurrió en Nuevo León

¿Cómo explicar que una pieza tan burda de polarización como la de las mañaneras haya tenido la fuerza y el impacto de estos años?

La primera razón, desde luego, es el poder y la representación del emisor. Una vez saltado el pudor y la autocontención verbal que su cargo implica en el ejercicio del poder, el Presidente pudo imponer su fórmula de prédica a los medios y a los ciudadanos.

Una segunda razón, es la fuerza misma del discurso mañanero y sus excesos. El escándalo es noticioso y cada día, durante las mañaneras, el Presidente incurre en escándalo.

Miente, deforma, inventa, insulta, hace el ridículo, amenaza, estigmatiza y vuelve a mentir. Por cualquiera de estas razones, porque siempre hay un ingrediente de escándalo en las mañaneras, al igual que sucedía con los tuits de Trump, los excesos verbales del Presidente son irresistibles para los medios.

Las mañaneras están plagadas de dichos que desafían la capacidad de sorpresa de todo mundo. Nadie se resiste a difundir o comentar algún pasaje del escándalo diario: el del error, el de la amenaza, el de la invención de datos, el de la indiferencia ante el dolor, el de la megalomanía, el del chistorete, el de la ignorancia.

El Presidente los convence, los hace reír, los atemoriza, los irrita o los complace, pero no los deja indiferentes.

Y sus dichos se vuelven omnipresentes en el debate público por la repetición en su propio aparato de propaganda y en los medios.

No he escuchado una sola vez la mañanera, pero todos los días encuentro pasajes de ella en alguna parte, en las redes o en los medios.

La responsabilidad de los medios no es menor: se han dejado imponer las mañaneras como una tarea informativa diaria, sin desafiar esa imposición con los instrumentos del periodismo.

El periodista que pregunta con rigor en las mañaneras es la excepción, al punto de que, cuando esto ha sucedido, la noticia no ha sido el Presidente, sino los periodistas que preguntan de verdad.

Pero los medios no han preguntado, se han limitado a repetir, y la repetición ha sido en esto la esencia del juego.