Minuto a Minuto

Deportes Final de ida Pumas vs Cruz Azul: implementarán operativo de seguridad y vialidad
Estas son las recomendaciones para asistir a la final de ida Pumas vs Azul y las alternativas viales
Nacional Markwayne Mullin, secretario de Seguridad Nacional de EE.UU, llega a México en medio de fuertes tensiones
El viaje a México de Markwayne Mullin, secretario de Seguridad Nacional de EE.UU., ocurre en un momento crítico en la relación bilateral
Internacional Israel deporta a los activistas de la flotilla Global Sumud
El equipo legal de la flotilla Global Sumud supervisa que todos los activistas sean deportados de forma segura y completa sin más demora
Nacional “Ya nos dejan trabajar”: Taxis por aplicación operan sin problema en el AICM
A dos meses del operativo para inhibir la operación de taxis por aplicación en el AICM ya no se observan a guardias nacionales
Nacional Alumnos del IPN volverán a marchar en CDMX; se esperan 14 concentraciones
Este jueves 21 de mayo se esperan una marcha y catorce concentraciones en la CDMX que podrían afectar la circulación vial

¿Cómo explicar que una pieza tan burda de polarización como la de las mañaneras haya tenido la fuerza y el impacto de estos años?

La primera razón, desde luego, es el poder y la representación del emisor. Una vez saltado el pudor y la autocontención verbal que su cargo implica en el ejercicio del poder, el Presidente pudo imponer su fórmula de prédica a los medios y a los ciudadanos.

Una segunda razón, es la fuerza misma del discurso mañanero y sus excesos. El escándalo es noticioso y cada día, durante las mañaneras, el Presidente incurre en escándalo.

Miente, deforma, inventa, insulta, hace el ridículo, amenaza, estigmatiza y vuelve a mentir. Por cualquiera de estas razones, porque siempre hay un ingrediente de escándalo en las mañaneras, al igual que sucedía con los tuits de Trump, los excesos verbales del Presidente son irresistibles para los medios.

Las mañaneras están plagadas de dichos que desafían la capacidad de sorpresa de todo mundo. Nadie se resiste a difundir o comentar algún pasaje del escándalo diario: el del error, el de la amenaza, el de la invención de datos, el de la indiferencia ante el dolor, el de la megalomanía, el del chistorete, el de la ignorancia.

El Presidente los convence, los hace reír, los atemoriza, los irrita o los complace, pero no los deja indiferentes.

Y sus dichos se vuelven omnipresentes en el debate público por la repetición en su propio aparato de propaganda y en los medios.

No he escuchado una sola vez la mañanera, pero todos los días encuentro pasajes de ella en alguna parte, en las redes o en los medios.

La responsabilidad de los medios no es menor: se han dejado imponer las mañaneras como una tarea informativa diaria, sin desafiar esa imposición con los instrumentos del periodismo.

El periodista que pregunta con rigor en las mañaneras es la excepción, al punto de que, cuando esto ha sucedido, la noticia no ha sido el Presidente, sino los periodistas que preguntan de verdad.

Pero los medios no han preguntado, se han limitado a repetir, y la repetición ha sido en esto la esencia del juego.