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Se habla poco de que la UNAM está por cambiar rector y del estado de vulnerabilidad en que la pone este parto intenso, siempre celebrado puertas adentro, pero siempre conectado al exterior.

Su carácter reservado y su sistema de elección a través de una Junta de Gobierno inapelable, no quita la dureza de la competencia y los golpes bajo la mesa, como en cualquier sucesión.

Que el juego sea visible sobre todo para los que están inmersos en el espacio universitario, no suprime su intensidad. 

Tampoco las tentaciones internas de buscar apoyos fuera y las tentaciones externas de tratar de influir en el proceso interno. 

La UNAM es tremendamente vulnerable al desorden y a la agitación interna, especialmente cuando ésta linda con la movilización física agresiva o la violencia.

Es vulnerable a los movimientos estudiantiles, los plantones, los mítines y las “tomas” de instalaciones.

Esta vulnerabilidad es muy conocida. Un grupo de estudiantes vándalos echó al rector Ignacio Chávez de su puesto de rector en 1966. 

Otro grupo de vándalos tomó la Rectoría hasta hacer inviable el rectorado de Pablo González Casanova en 1973. 

En 1987, el CEU rechazó la reforma universitaria del rector Carpizo y sumergió a la UNAM en una deliberación democrática que la paralizó un año, sin cambiarla gran cosa. 

Doce años después, una huelga de estudiantes ultras suspendió las clases nueve meses.

Nada ha dañado tanto a la UNAM como la intervención externa, la intromisión presidencial: contra Ignacio Chávez en 1966 y Javier Barros Sierra en 1968; contra González Casanova en 1973.

La agitación interna hace sudar a la UNAM. Por ejemplo, en la institución hay muchos espacios “expropiados” por grupos extrauniversitarios, como el auditorio de Filosofía y Letras. No se les puede tocar, ni pedir a la policía que los saque, por aquello de la autonomía. 

Pero la intromisión externa, venida de Palacio Nacional, lesiona a fondo a la UNAM. Siempre lo ha hecho.    

Si las palabras derogatorias que se han vertido en Palacio sobre la UNAM, anuncian una intromisión política externa, la sacudida será de pronóstico reservado.

La UNAM podrá defenderse, desde luego, y lo hará, pero en un marco de vulnerabilidad que no puede exagerarse.
https://www.milenio.com/opinion/hector-aguilar-camin/dia-con-dia/la-vulnerabilidad-de-la-unam