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El 20 de julio, durante el centenario luctuoso de Francisco Villa en La Coyotada, Durango, se exhibió la pistola que Madero le habría regalado a Villa en 1911, cuando le reconoció sus servicios revolucionarios.

La pistola fue hallada en La Habana en 1913, en una caja cuya placa lleva el nombre de Doroteo Arango Villa (sic), nombre que Villa nunca usó.

El gobierno cubano la devolvió al mexicano en mayo de 2022, y el presidente López Obrador la entregó en custodia al secretario de la Defensa en el acto de La Coyotada.

Hay dudas sobre la historia y la autenticidad del arma. De lo que no hay dudas, es de que si esa pistola fue de Villa, no pudo matar a nadie con ella después de 1913.

No mató con ella, por ejemplo, a la soldadera que, en 1915, al entrar a Ciudad Camargo, lo insultó porque le habían fusilado a su marido, un pagador carrancista. Colérico, Villa le dio un tiro en la cabeza a la soldadera y mandó fusilar luego a 80 de sus compañeras, que gritaban también.

Villa tampoco mató con esa pistola a Andrés Avelino Flores, el cura del pueblo sonorense de San Pedro de la Cueva, que los villistas asolaron, en diciembre de 1915: violaron a las mujeres que quisieron y fusilaron a 74 hombres del lugar.

En abril de 1919, al ocupar Parral por enésima vez, Villa le perdonó la vida a todos los defensores sociales que resistieron su asedio, menos al viejo José de la Luz Herrera, y a sus dos hijos, Melchor y Zeferino.

Villa hizo caminar a los Herrera, amarrados, por el centro de Parral hasta el Panteón, donde el viejo Herrera lo retó a duelo y le escupió en la cara.

Villa contestó: “Para que le duela más: antes de morirse usted, va a ver cómo trueno a sus hijos”. Mató entonces a Melchor y a Zeferino Herrera, con tiros en la frente. Mató después al viejo José de la Luz, y mandó a colgar los cuerpos en los mezquites del cementerio.

Tampoco esto pudo ser con la pistola aparecida en Cuba en 1913, pistola inocente, como se ve, para haber sido la de Villa, le faltó tiempo.