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La paradoja de los últimos años es la de un presidente con aprobación al frente de un gobierno reprobado.

El Presidente tiene acuerdos de 60% en su desempeño personal, pero tiene al mismo tiempo rechazos mayoritarios en políticas claves, como seguridad y violencia, salud, economía y corrupción.

Cuando uno se acerca a ver lo sucedidoen el gobierno, en la administración pública propiamente dicha, la contradicción adquiere sentido.(Ver: El desmantelamiento del Estado,Nexos, Octubre 2023).

El Presidente decidió gobernar sin restricciones burocráticas ytomó decisionesque lo fortalecierona él,perodebilitaron susinstrumentos de ejecución gubernativa.

Concentró el poder en la presidencia, pero le quitóeficacia al Estado que preside. Dos reglas fueron particularmente destructivas. Una:para estar en el gobierno hacen falta 90% de lealtad y 10% de capacidad.Dos:lo importante “no es el cargo, sino el encargo”.

El Presidente ha manejado el gobierno a discreción según sus reglas, pero tiene un gobierno ineficaz y desmantelado.

Sus grandes propósitos transformadores no de transformación no van de la mano con sus poderes de realización, y los resultados de su presidencia son débiles, cuando no ruinosos.

Basta echar unamirada a los incumplimientos y sobrecostos de las obras de infraestructura emblemáticas, como el Tren Maya y Dos Bocas, o a la onerosa y contraproducente carrera presupuestal para sacar del pozo a Pemex.

El fracaso delInstituto de Salud para el Bienestar, el tristemente célebre INSABI, creado y clausurado sobre las rodillas, ejemplifica bien este proceso: el Presidente quería hacer un cambio grande, pero el recorteadministrativo del sector le entregó un fracaso mayúsculo.

El gobierno federal funcionaba mal antes, pero funciona peor ahora. Se agravan los problemas de seguridad y violencia, disminuye la calidad de los servicios públicos, la corrupción crece con la política de adjudicaciones directas.

Si en algo se parece el estilorecortadodel actual gobierno es al de los gobiernos neoliberales que aborrece.

El desmantelamiento del Estado es una realidad que heredará quien venga.

Usando una expresión de Reyes Heroles, el presidente describió al Estado, despectivamente, como un “elefante reumático”.

Entregará a quien le suceda un elefante anoréxico.