Minuto a Minuto

Deportes Néstor Lorenzo reconoce que Estadio Ciudad de México le pesó a Colombia
Néstor Lorenzo, seleccionador de Colombia, detalló que la atmósfera del Estadio Ciudad de México sí pesó en sus jugadores
Nacional Sheinbaum pide no “engancharse” con dichos de Trump sobre los cárteles en México
La presidenta Sheinbaum aseguró que Trump "no está bien informado" cuando dice que México es controlado por los cárteles
Ciencia y Tecnología Mundial 2026: FIFA elimina casi 400 mil publicaciones dañinas en internet
El Servicio de Protección de Redes Sociales de FIFA ha revisado 3.8 millones de publicaciones en el marco del Mundial 2026
Entretenimiento Maná reúne a más de 170 mil personas en concierto gratuito en Glorieta de La Minerva
El grupo Maná emocionó a poco más de 170 mil personas en la Glorieta de La Minerva de Guadalajara, Jalisco
Deportes Canadá impide entrada al atacante marfileño Elye Wahi para el juego ante Alemania
Canadá impidio la entrada al país del atacante marfileño Elye Wahi para disputar el segundo encuentro de su selección en el Mundial 2026

Varios mitos cayeron por tierra con el fracaso de Estados Unidos en Afganistán, con su retirada caótica del país que querían reinventar, que ocuparon militarmente 20 años, en el que invirtieron un trillón de dólares y del que salieron emitiendo señales de dramática ignorancia, como que el presidente Biden creyera que el ejército afgano de 300 mil hombres, financiado con 83 mil millones de dólares, iba a resistir al menos 18 meses.

El mito mayor caído es el que guio la invasión misma de Afganistán y de Irak: la pretensión de intervenir militarmente en esos países para crear nuevos Estados, nuevos ejércitos, nuevas instituciones. En realidad: nuevas naciones, a imagen y semejanza de Occidente.

Por lo menos dos grandes escritores sabían desde hace mucho que tal pretensión civilizatoria es no solo imposible sino catastrófica. Uno, Rudyard Kipling, quien desplegó en El hombre que sería rey (1885) la pequeña metáfora perfecta, terrorífica, de la impenetrabilidad para Occidente del mundo que empieza en las montañas afganas.

Kipling produjo la historia de dos soldados ingleses decididos a hacerse reyes de un territorio ficticio llamado Kafiristán, situado al norte de Afganistán, del cual, en efecto, llegaron a ser reyes por una confusión cosmogónica de los kafiristaníes, quienes los reconocieron como dioses, y los obedecieron como a tales, hasta que la mordida de una mujer hizo sangrar a uno de los aventureros, desmintiendo así su condición divina y derrumbando su imperio. (Hay película: John Huston, 1975).

El otro escritor que exhibió con lucidez la fantasía de rehacer países fue Graham Green en The Quiet American, la historia de un brillante agente de la CIA, más inteligente que los hechos, empeñado en equilibrar el desbalance militar que dejaría en Indochina la derrota de los franceses. ( Hay película: Phillip Noyce, 2002).

En ese personaje, cegado tanto por sus teorías como por sus buenas intenciones, Green encarnó el espíritu del creciente intervencionismo americano en Vietnam, hasta su derrota en 1975, con 54 mil estadunidenses muertos y una ignominiosa salida de Saigón, cuyas imágenes volvieron a la vida en estos días colgadas de sus dramáticos paralelismos visuales con la salida de Kabul.