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¿Veremos algún debate entre los precandidatos presidenciales de Morena? Joaquín López-Dóriga los ha hecho aceptar la idea, propuesta por Marcelo Ebrard, de que salgan a debatir en público para ver quién gana la Encuesta.

Claudia Sheinbaum dijo estar de acuerdo, lo mismo que el secretario de Gobernación, Adán Augusto López. Monreal no sólo estuvo de acuerdo, sino que reclamó la idea como suya.

El Presidente en principio dio su visto bueno. Si quieren debatir que lo hagan, dijo: “ejercen su libertad”, sólo que se cuiden de que no los vayan a acusar de actos anticipados de campaña.

Se diría entonces que el debate está acordado y que sólo faltan los detalles: las fechas, los participantes, los formatos. Es decir, falta todo.

Creo que esos debates no llegarán, pero creo también que no hace falta que lleguen para que los precandidatos empiecen a decirnos lo que sostendrían en ellos. Hasta el momento, como políticos, no son sino ecos de lo que dice y hace el Presidente.

El que ha ido más lejos en distinguirse es Ricardo Monreal, quien habla de la necesidad de una reconciliación nacional, es decir, de que la herencia inmediata a atender de este gobierno es la polarización, el pleito.

No es un punto menor, tampoco es un proyecto de gobierno, pero parece suficiente hasta ahora para que Monreal siga excluido de la lista de precandidatos del Presidente.

O quizá es al revés, Monreal dice eso para distinguirse de los otros, porque se sabe excluido y quiere subrayar que lo está. Radicalismos aparte, Ebrard ha dado con una fórmula ideal para el debate de los precandidatos de Morena: discutir un horizonte de “continuidad con cambio”.

No sé si digo correctamente el orden de los factores o si más bien se trata de “cambio con continuidad”. Es decir, si va primero el cambio o va primero la continuidad.

¿Qué opinarían al respecto Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López? No lo sabemos. ¿Más de lo mismo pero menos de lo mismo? ¿Continuidad con cambio? ¿Cambio con continuidad? ¿Cuánto de cambio y cuánto de continuidad?

Asunto apasionante a debatir: con esos matices de cambio podrían tranquilizar al país, y hasta dormirlo.