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La convergencia política del gobierno federal y el de Ciudad de México a partir de 2018 debió ser una ventaja para la ciudad capital.

Era la primera vez desde 1997 en que la Presidencia de la República y el gobierno de la ciudad pertenecían al mismo partido político. Los unían el triunfo y el proyecto de la llamada 4T.

No sólo eso. El presidente López Obrador y la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum habían estado juntos antes en el gobierno capitalino, mantenían entre ellos una relación única de trabajo y confianza. Tanto, que, a la hora de escoger sucesor, López Obrador escogió sucesora, la propia Claudia.

La historia marcha por el camino malo, decía Engels, se especializa en torcer lo que venía derecho. Y así fue con la unidad de propósito y de convicciones políticas entre el gobierno federal y el de la ciudad.

Debido a esa convergencia, Sheinbaum no pudo nunca ser un polo de oposición o de resistencia para decisiones del Presidente que afectaban seriamente el destino de la ciudad y de la propia Sheinbaum como su gobernante.

Tuvo que plegarse siempre. Y a lo primero que se plegó fue a algo que quizá extraña hoy, cuando necesita presentarse como una gobernante exitosa en su campaña de candidata presidencial.

Me refiero a la cancelación de lo que iba a ser el nuevo aeropuerto de Ciudad de México, por razones que en su momento explicó muy bien la portada de un libro, visible en uno de los videos con que el entonces presidente electo difundió la cancelación. La portada del libro decía algo así como “Quién manda aquí”.

Mandaba él y punto.

El aeropuerto cancelado le quitó un gran bien público al país, pero se lo quitó sobre todo a Ciudad de México, no sólo por la pérdida del aeropuerto mismo, sino porque su presencia habría sido un polo de irradiación y de mejora económica para la región más pobre de la propia ciudad.

La Claudia Sheinbaum de hoy iría más sólida como candidata presidencial si ese aeropuerto estuviera andando, pues por estas fechas habría sido ya terminado, y CdMx sería una ciudad mucho mejor de la que Sheinbaum entregó al final de su gobierno.