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Junto con los funcionarios del INE que atienden los módulos de atención ciudadana y producen la credencial de elector, a los que me referí ayer, la reforma electoral propuesta plantea desaparecer también a los vocales de Capacitación y de Organización Electoral.

Los primeros se dedican a “capacitar a los capacitadores”, es decir, a los miles de asesores de campo del INE, que a su vez capacitan al millón y pico de ciudadanos que atienden las casillas el día de la elección.

Los segundos, los vocales de Organización Electoral, se encargan de escoger los sitios donde se instalarán las casillas necesarias (160 mil en la última elección), y las proveen de lo necesario el día de votación: urnas, listas de electores, boletas foliadas. 

Las proveen también de lo más importante: la asesoría continua sobre dudas o problemas que se presentan a los funcionarios de la casilla.

La importancia de esta asesoría crece al momento de cerrar las casillas, cuando empieza el conteo de los votos.  

Pero se agiganta cuando termina el conteo y hay que llenar las actas, un verdadero laberinto de cuadritos diseñados según criterios abstrusos, que son la expresión de décadas de desconfianza política entre los partidos, traducidas a una acumulación absurda de requisitos  de registro para garantizar que “nadie haga trampa” al llenar las actas.

Fui presidente de casilla en la elección de 2021. Puedo decir que, de no haber sido por la asesoría personal que nos dieron los asesores electorales, los famosos CAES*, no hubiéramos podido jamás llenar las actas.

Si la nueva ley destruye este eslabón de asesoría a pie de urna, como lo está proponiendo, podemos estar seguros de que los conteos en las urnas serán un caos. 

Bien entradas las horas de la madrugada, habrá miles de casillas cuyos funcionarios no habrán podido mandar sus resultados al cómputo final.

Gracias a la nueva ley podríamos tener una noche de cuentas interminables en las casillas despojadas de sus CAES, eslabón indispensable para llenar las actas.

Podría ser una noche de miles de actas sin llenar, con el saldo final de una elección caótica, mal hecha, inconcluyente, sujeta a todas las impugnaciones y a todas las sospechas.

La noche de un gran salto hacia atrás. 

*Capacitadores Asistentes Electorales